El patito feo

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El patito feo, el cuento de Andersen para leer a los niños. Un pato sale del huevo distinto a los demás y tarda un año en saber por qué.

Aquel verano fue tan cálido que el trigo se puso amarillo antes de tiempo.

Aquel verano fue tan cálido que el trigo se puso amarillo antes de tiempo. Detrás del huerto, junto al foso, entre las hojas grandes de bardana, una pata estaba echada sobre sus huevos y empezaba a aburrirse, porque los huevos tardaban mucho.

Por fin las cáscaras empezaron a romperse.

Por fin las cáscaras empezaron a romperse. Uno detrás de otro fueron asomando patitos, se sacudían y miraban a su alrededor todo lo verde que había, y la madre les dejaba mirar, porque el verde es bueno para los ojos.

Contó a sus hijos y frunció el ceño.

Contó a sus hijos y frunció el ceño. Un huevo, el más grande de todos, seguía entero. — Ese es de pava — dijo una pata vieja que pasaba —. Déjalo y enseña a nadar a los demás. Pero la madre dijo que ya que había esperado tanto, esperaría un poco más.

Al día siguiente el huevo grande se rompió.

Al día siguiente el huevo grande se rompió. De él salió un pájaro grande y gris, nada parecido a los otros. La madre lo miró un buen rato. — No es guapo — dijo —, pero nada bien. Mañana lo llevo al corral con los demás.

En el corral era distinto que en el agua.

En el corral era distinto que en el agua. Los patitos supieron enseguida a quién se podía picar, y los otros animales lo aprendieron de ellos. Al grande y gris lo empujaban, lo picaban y le decían que se marchara.

Lo peor era que sus propios hermanos decían lo mismo.

Lo peor era que sus propios hermanos decían lo mismo. — Ojalá te coja el gato — decía uno. Y la madre, que al principio lo defendía, un día se cansó y dijo que ojalá se fuera lejos. Aquella noche el patito saltó la valla y se marchó.

Llegó a la charca de los patos salvajes.

Llegó a la charca de los patos salvajes. Lo miraron de cerca. — Eres horriblemente feo — dijeron —, pero eso nos da igual mientras no te cases con nadie de la familia. Estuvo allí dos días, hasta que llegaron los cazadores y la charca se llenó de humo y de ruido.

Al anochecer llegó arrastrando las patas hasta una casita tan vieja que estaba torcida y se sostenía sin saberse cómo.

Al anochecer llegó arrastrando las patas hasta una casita tan vieja que estaba torcida y se sostenía sin saberse cómo. Dentro vivían una anciana, un gato y una gallina, y la anciana lo dejó entrar porque pensó que empezaría a poner huevos.

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Fuente del texto: Trama de Hans Christian Andersen, en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

Personajes del patito feo

El patito
Sale del huevo más grande, el último, y no se parece a ninguno de sus hermanos.
La pata madre
Al principio lo defiende; un día se cansa y dice que ojalá se fuera lejos.
Sus hermanos
Son los que dicen lo mismo que los demás: «ojalá te coja el gato».
La pata vieja
La que mira el huevo grande y sentencia que ese es de pava.
La anciana de la casa torcida
Lo deja entrar porque piensa que empezará a poner huevos.
El gato y la gallina
Uno le pregunta si sabe arquear el lomo; la otra, si sabe poner. Como no sabe ninguna de las dos cosas, le dicen que no tiene derecho a opinar.
Los cisnes
Bajan del cielo una tarde de otoño, grandes y blancos y con el cuello largo, y él no sabe qué son. Al final son tres los que nadan a su alrededor y le tocan el cuello con el pico.

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