La sirenita: el cuento original

En el cuento de Andersen la sirenita no se casa con el príncipe. Su cuerpo se convierte en espuma de mar, y lo que viene después dura trescientos años.

La sirenita no es un cuento popular. Tiene autor, fecha y editor: lo escribió Hans Christian Andersen en 1836 y lo publicó C.A. Reitzel en Copenhague el 7 de abril de 1837. Nadie lo recogió de nadie, y eso explica por qué su final no se parece al de ningún otro cuento.

Es una diferencia importante. Cuando se habla del «original» de Caperucita o de la Cenicienta se habla de una versión entre varias. Aquí el original es uno y está fechado, y todo lo que se aparte de él es una adaptación.

Lo que quiere no es el príncipe

Esto es lo primero que cambian las adaptaciones, y es lo que más cambia el cuento. La sirenita de Andersen no sube a la superficie solo por amor: quiere un alma inmortal. Las sirenas, en su cuento, viven trescientos años y luego se convierten en espuma y no queda nada de ellas; los humanos son mortales pero permanecen. Su abuela se lo explica al principio, y ella no lo olvida en ninguna página.

Por eso el trato con la bruja es lo que es: no cambia la cola por unas piernas, cambia el mar por una posibilidad.

Lo que le cuesta la voz

El trato no es solo entregar la voz. La bruja le avisa de algo más: cuando tenga piernas, cada paso que dé le dolerá como si caminara descalza sobre cuchillas afiladas. La sirenita acepta sabiéndolo, y baila para el príncipe con ese dolor toda la historia.

Y hay una condición peor: si el príncipe se casa con otra, ella morirá a la mañana siguiente y se convertirá en espuma.

El final: no se casa con el príncipe

El príncipe se casa con otra. Las hermanas de la sirenita le llevan un cuchillo y le explican la salida: si mata al príncipe mientras duerme y deja que su sangre le corra por los pies, volverá a ser sirena y vivirá sus trescientos años. Ella entra en la tienda, lo mira dormido junto a su mujer, y tira el cuchillo al mar.

Se lanza al agua al amanecer y su cuerpo se convierte en espuma. Pero no desaparece: se vuelve un espíritu del aire, una hija del aire, y las otras hijas del aire le explican las reglas — puede ganarse un alma haciendo buenas obras durante trescientos años. Cada niño bueno que encuentran les descuenta un año; cada niño malo les añade un día.

Por qué importa la diferencia

Porque el cuento de Andersen no trata de conseguir al príncipe, y la versión que acaba en boda lo convierte en otra cosa. En el texto original la sirenita renuncia dos veces: primero al mar y después a su propia salvación, y el cuento la deja mejor por ello, no peor.

El final tampoco es un castigo, y conviene decirlo así a un niño. No pierde: consigue lo que fue a buscar, por un camino que no era el que esperaba.

Qué decirle a un niño que pregunta

«¿Por qué no lo mató?» es la pregunta que llega, y tiene respuesta dentro del cuento: porque para lo que ella quería, matarlo no servía de nada. Es la primera vez que muchos niños se encuentran con un personaje que renuncia a salvarse, y no hace falta explicarlo más de una frase.

«¿Se murió?» también llega. La respuesta honesta es que su cuerpo sí y ella no, y que eso es exactamente lo que el cuento dice — no es un rodeo de adulto.

Cómo lo contamos nosotros

Con el final de Andersen. Nuestra versión es más corta y está en frases simples, pero la sirenita no se casa con el príncipe y no se queda con piernas: se inclina sobre el agua al amanecer y el mar la recibe. Es un final triste y se puede leer en voz alta sin miedo, porque no es un castigo.

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