Trabalenguas para niños: cortos, difíciles y largos

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Un trabalenguas no se lee: se dice. Y se dice mal la primera vez, que es justo la gracia. La boca tiene que cambiar de postura más rápido de lo que está acostumbrada, se equivoca, todo el mundo se ríe y se vuelve a empezar — y en esos tres minutos el niño practica más pronunciación que en media hora de corregirle.

Están todos enteros y en esta misma página: no hay nada que descargar ni nada recortado. Debajo de cada uno decimos qué es exactamente lo que traba — si son las erres, si es la «s» que se convierte en «c», si son dos palabras casi iguales seguidas — porque saber dónde está la trampa es la mitad del juego.

Casi todos son populares y anónimos, de los que se dicen en los patios desde hace más de un siglo. Francisco Rodríguez Marín ya los recogió en 1882 y explicaba entonces para qué servían: «son medios á que acuden los padres para adiestrar en la pronunciación á sus hijos, al mismo tiempo que les entretienen agradablemente». Sigue siendo exactamente eso.

Colecciones de trabalenguas

Cómo decirlos según la edad

De 2 a 4 años. Solo los de una línea, y dichos muy despacio — tan despacio que sea imposible equivocarse. A esta edad no hay que correr: el niño está aprendiendo a poner la lengua en sitios nuevos, y la velocidad viene sola un año después. «Mi mamá me mima mucho» es un buen primero porque además entiende lo que dice.

De 5 a 7 años. Aquí empieza lo bueno: ya puede repetirlos tres veces seguidas y ya le hace gracia equivocarse. Jueguen a turnos, y pierda usted alguna vez a propósito. Los de animales y comida funcionan mejor que los abstractos porque el niño ve lo que está diciendo.

De 8 a 10 años. Los largos y los difíciles, y el juego al revés: que invente uno él. Se elige una letra, se buscan cinco palabras que empiecen igual y se intenta meterlas todas en una frase. El primero sale torpe; el tercero ya traba de verdad — y así nacieron todos estos.

Trabalenguas populares anónimos, de dominio público. Varios están recogidos en «Cantos populares españoles» de Francisco Rodríguez Marín (1882-1883). La selección, las notas sobre lo que traba en cada uno y los trabalenguas marcados como nuestros son de Marytale. Fuente: Rodríguez Marín, 1882.