Adivinanzas con respuestas para niños

318 adivinanzas

La adivinanza es el primer juego de palabras que un niño entiende del todo, y no enseña a saber cosas: enseña a MIRAR. «Una vieja muy arrugadita, en la mano una tranquita» — y el niño acierta la pasa, aunque nadie le haya explicado nunca cómo se seca una uva.

Aquí hay 318 adivinanzas populares anónimas, recogidas en el siglo XIX y copiadas tal como se publicaron. Las respuestas no se han quitado de la página, solo están tapadas: se abren al tocar «Ver la respuesta», así que quien quiera pensar primero puede pensar, y quien tenga prisa las lee de corrido.

Leímos las dos colecciones enteras, una por una: las 199 que recogió Fernán Caballero en España en el siglo XIX y las 787 que recogió Eliodoro Flores en Chile en 1911. De las 986 elegimos 251. Leímos además la colección que Francisco Rodríguez Marín recogió en Andalucía y publicó en 1882, y de ella añadimos 67 que no estaban ya en la página. Una adivinanza se quedó fuera por uno de tres motivos: preguntaba por un cacharro de campo que un niño de hoy no ha visto nunca; decía algo que no queremos en una página para niños; o su respuesta es una palabra que se usa en Chile y no en México, y entonces no hay manera de acertarla. Una adivinanza que no se puede acertar estropea el juego.

Colecciones

Cómo jugar según la edad

3 a 5 años. Solo las que tienen la respuesta a la vista: las estrellas, la luz, el humo, la nieve, los ojos. A esta edad la adivinanza no es un examen, es un juego de mirar — pregunte la de las estrellas de noche y junto a la ventana, y la respuesta estará delante de sus ojos. Para eso se eligió la colección de adivinanzas fáciles.

5 a 7 años. Animales y frutas. El niño ya sigue la comparación: cuando oye «tamaño como una nuez, sube al monte y no tiene pies» piensa en la concha y no en los pies. No dé la respuesta enseguida; esperar es la mitad del juego, y una respuesta equivocada también cuenta.

7 años y más. Las difíciles, y también el juego al revés: que elija él un objeto y lo describa sin decir su nombre. La primera vez le costará; a la tercera tendrá su propia adivinanza, que es exactamente como nacieron estas.

Adivinanzas populares anónimas, de dominio público: recogidas en el siglo XIX por Fernán Caballero y Francisco Rodríguez Marín en España y en 1911 por Eliodoro Flores en Chile. La selección, la ortografía actual y los comentarios son nuestros. Fuente: Wikisource.