El patito feo se confunde a menudo con un cuento popular, y no lo es. Tiene autor, fecha y primera edición: lo escribió Hans Christian Andersen y se publicó en Copenhague en 1843, dentro de un volumen de cuentos nuevos.
Quién era Andersen
Un danés nacido en 1805, hijo de un zapatero, que llegó a Copenhague a los catorce años sin dinero y con la idea de ser cantante. No lo fue. Escribió novelas y obras de teatro que hoy no lee casi nadie, y cuentos que lee todo el mundo: La Sirenita, La reina de las nieves, El traje nuevo del emperador, La vendedora de fósforos, Pulgarcita.
A diferencia de Perrault y de los hermanos Grimm, Andersen no recogía cuentos ajenos. Los suyos tienen argumento inventado por él, y por eso sus finales no se parecen a los de nadie.
Cuánto hay de él en el cuento
Bastante, y él no lo ocultaba. Fue un niño pobre y raro en una ciudad pequeña, con una cara que en su época se consideraba fea, y entró en los salones de Copenhague como alguien que no era de allí. El patito que pasa un invierno entero entre los juncos y descubre al final que nunca fue un pato es una historia que él podía contar de primera mano.
Qué hace distinto a este cuento
Que no hay villano. No hay bruja, ni lobo, ni madrastra: solo un corral entero que tiene razón en lo que ve y se equivoca en lo que concluye. Eso es difícil de contar a un niño de cuatro años, y es justo lo que hace que el cuento aguante hasta los diez.
Y que el final no premia un esfuerzo. El patito no consigue nada por portarse bien: resulta que era otra cosa desde el principio. Es un final poco habitual en los cuentos y se recuerda precisamente por eso.