La hormiga y el saltamontes

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La hormiga y el saltamontes, la fábula de Esopo con moraleja para leer a los niños. Uno canta todo el verano y el otro carga grano todo el verano.

Era verano, y en el prado hacía tanto calor que el aire temblaba por encima de la hierba.

Era verano, y en el prado hacía tanto calor que el aire temblaba por encima de la hierba. El saltamontes estaba sentado en un tallo alto y tocaba. Tocaba desde por la mañana, y cuando se cansaba, se dejaba caer en la hierba y seguía desde abajo.

Por el mismo caminito iba y venía una hormiga cargando un grano.

Por el mismo caminito iba y venía una hormiga cargando un grano. Era más grande que ella misma. Lo llevaba hasta el hormiguero, lo dejaba dentro y volvía a salir a por otro, y así todo el día.

— Siéntate un rato — le decía el saltamontes desde su tallo —.

— Siéntate un rato — le decía el saltamontes desde su tallo —. Escucha esto. ¿Para qué cargas con ese grano si el verano acaba de empezar? La hormiga no contestaba, porque hablar mientras se carga un grano es difícil.

El invierno nunca llega de golpe: siempre se lo ve venir.

El invierno nunca llega de golpe: siempre se lo ve venir. Primero las noches se hicieron frías. Después la hierba dejó de crecer. Después llegó la primera lluvia que no calentaba, y el saltamontes se metió debajo de una hoja y esperó a que pasara.

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Fuente del texto: Fábula de Esopo (siglo VI a. C.), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

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