La primera nieve del pequeño dinosaurio

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Un cuento de invierno sobre dinosaurios. Muy al norte, un dinosaurio pequeño sale del nido y ve por primera vez en su vida algo blanco.

Muy al norte, allí donde el verano es corto y la noche de invierno dura semanas enteras, también vivían dinosaurios.

Muy al norte, allí donde el verano es corto y la noche de invierno dura semanas enteras, también vivían dinosaurios. Eran más pequeños que los de los valles cálidos y tenían la piel más gruesa, y los jóvenes nacían siempre al principio del verano, para tener tiempo de crecer.

Kapi era uno de esos jóvenes.

Kapi era uno de esos jóvenes. Salió del huevo justo al empezar la primavera y durante todo el verano corto vio a su alrededor un solo color: helechos verdes, hierba verde y musgo verde entre las piedras.

Después empezó a hacer más frío.

Después empezó a hacer más frío. Las hojas de los arbustos bajos se pusieron amarillas y se cayeron en unos pocos días. Los pájaros se fueron hacia el sur en bandadas, una detrás de otra, y el valle se quedó más silencioso de lo que Kapi lo había oído nunca.

Una mañana Kapi salió del hoyo donde dormía y se quedó parado a medio paso.

Una mañana Kapi salió del hoyo donde dormía y se quedó parado a medio paso. Todo estaba blanco. Las rocas, los arbustos, el tronco caído junto al agua, y hasta el musgo entre las piedras — todo lo que él conocía de otro color.

Kapi no sabía cómo se llamaba aquello, porque nadie se lo había dicho todavía.

Kapi no sabía cómo se llamaba aquello, porque nadie se lo había dicho todavía. Lo tocó con el pico. Estaba frío y picaba un poco. Lo tocó con la pata — y la pata se hundió, y cuando la levantó quedó abajo una huella con los cuatro dedos.

Aquello le interesó mucho.

Aquello le interesó mucho. Hizo una segunda huella al lado de la primera, para comprobar si salía igual. Salió igual. Después hizo una tercera, un poco más allá. Y después se puso a andar en círculo alrededor del helecho, solo para ver cómo se cerraba el círculo.

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