La reina de las nieves

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  • 16 páginas

La reina de las nieves, el cuento de Andersen para leer a los niños. A Kay le entra en el ojo una esquirla de espejo y Gerda va a buscarlo al norte.

Kay y Gerda vivían en dos casas tan juntas que desde una ventana del desván se podía pasar a la otra.

Kay y Gerda vivían en dos casas tan juntas que desde una ventana del desván se podía pasar a la otra. Entre las dos ventanas, en un canalón, tenían plantadas dos rosas, y en verano las ramas se juntaban por arriba y hacían un arco.

Hubo una vez un espejo que hacía pequeño todo lo bueno y grande todo lo malo.

Hubo una vez un espejo que hacía pequeño todo lo bueno y grande todo lo malo. Quien se miraba en él apenas se reconocía. Un día el espejo se rompió en millones de trozos, y los trozos se repartieron por el mundo con el viento: unos se metieron en ventanas, otros en ojos.

Una tarde de invierno, mientras Kay estaba junto a la ventana, le dolió de pronto un ojo, y después algo en el pecho.

Una tarde de invierno, mientras Kay estaba junto a la ventana, le dolió de pronto un ojo, y después algo en el pecho. Pasó tan rápido que no le dijo nada a nadie. Pero una esquirla se le había metido en el ojo y otra, más pequeña, en el corazón.

Al día siguiente dijo que las rosas eran feas y estaban comidas por los gusanos, y arrancó una para demostrarlo.

Al día siguiente dijo que las rosas eran feas y estaban comidas por los gusanos, y arrancó una para demostrarlo. Dijo que los libros de la abuela eran tonterías. Y empezó a imitar a la gente por la calle, y lo hacía tan bien que se reían — y eso fue lo peor.

En invierno los chicos iban con trineos pequeños a la plaza y los ataban a los carros que pasaban para que tiraran de ellos…

En invierno los chicos iban con trineos pequeños a la plaza y los ataban a los carros que pasaban para que tiraran de ellos un trecho. Aquella tarde entró en la plaza un trineo grande y blanco, y Kay ató el suyo detrás sin pensarlo.

El trineo blanco salió de la ciudad, cada vez más deprisa, y la nieve se hizo tan espesa que Kay ya no veía nada.

El trineo blanco salió de la ciudad, cada vez más deprisa, y la nieve se hizo tan espesa que Kay ya no veía nada. Quiso desatarse y no pudo. Entonces el trineo se paró, y quien iba en él se levantó y se dio la vuelta.

Era alta, blanca y hermosa, y era toda de hielo.

Era alta, blanca y hermosa, y era toda de hielo. Envolvió a Kay en su manto y lo besó en la frente, y el beso fue más frío que el hielo. Después lo besó una segunda vez, y Kay se olvidó de Gerda, de la abuela y de la calle en la que había vivido.

En primavera Gerda lo buscó por todas partes: en la plaza, junto al río, en casa de los vecinos, que negaban con la cabeza.

En primavera Gerda lo buscó por todas partes: en la plaza, junto al río, en casa de los vecinos, que negaban con la cabeza. La gente decía que se había muerto. Gerda dijo que no se lo creía, se puso los zapatos rojos nuevos y se fue al río a preguntar.

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Fuente del texto: Trama de Hans Christian Andersen (1844), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

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