El lobo y los siete cabritillos

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El lobo y los siete cabritillos, el cuento de los Grimm para leer a los niños. La cabra sale al bosque y avisa: no le abráis a nadie.

Había una vez una cabra que tenía siete cabritillos y los quería como quiere una madre.

Había una vez una cabra que tenía siete cabritillos y los quería como quiere una madre. Un día tuvo que ir al bosque a buscar comida y los llamó a todos. — No le abráis la puerta a nadie — les dijo —. El lobo se disfraza, pero se le conoce por la voz ronca y por las patas negras.

Poco después llamaron a la puerta.

Poco después llamaron a la puerta. — Abran, hijos, que ha vuelto mamá y les traigo algo a cada uno. Pero la voz era ronca, y los cabritillos contestaron que su madre tenía la voz fina y suave, y que él era el lobo.

El lobo se fue a la tienda y compró un trozo grande de tiza.

El lobo se fue a la tienda y compró un trozo grande de tiza. Se la comió entera y con eso se le puso la voz fina.

Volvió y llamó otra vez.

Volvió y llamó otra vez. — Abran, hijos, que ha vuelto mamá. Pero había apoyado la pata en la ventana, y los cabritillos vieron que era negra. — Nuestra madre no tiene las patas negras — dijeron —. Eres el lobo.

El lobo corrió a casa del panadero.

El lobo corrió a casa del panadero. — Me he dado un golpe en la pata — dijo —. Úntamela de masa. Y después fue al molinero y le pidió que le echara harina encima. El molinero sospechó, pero el lobo le enseñó los dientes y el molinero se la echó.

El lobo llamó por tercera vez.

El lobo llamó por tercera vez. — Enséñanos primero la pata — dijeron los cabritillos. El lobo puso en la ventana una pata blanca como la harina, y entonces le abrieron.

Lo que entró por la puerta era el lobo.

Lo que entró por la puerta era el lobo. Los cabritillos se escondieron donde pudieron: uno debajo de la mesa, otro en la cama, otro en la estufa, otro en la cocina, otro en el armario, otro debajo de la palangana y el más pequeño dentro de la caja del reloj de pared.

El lobo encontró a seis.

El lobo encontró a seis. Al que estaba en el reloj no lo encontró, porque no se le ocurrió mirar allí. Se los tragó de un bocado a cada uno, salió al prado, se tumbó debajo de un árbol y se quedó dormido.

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Fuente del texto: Trama de los hermanos Grimm (1812), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

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