El misterio de los zapatos que desaparecían
- 5-7 min de lectura
- 14 páginas
En Villamanantial ocurre algo muy raro: cada mañana desaparece un zapato de cada par, y nadie sabe por qué. Decidida a resolver el enigma, Lía y sus amigos montan una guardia nocturna… y descubren una pizca de magia que lo cambia todo. Un cuento cálido y lleno de destellos sobre regalar una segunda vida a las cosas viejas y hacer feliz a alguien.

En el pueblecito de Villamanantial la vida transcurría tranquila y serena… hasta que, de pronto, empezó a suceder algo muy extraño. Cada mañana, los vecinos descubrían que faltaba un zapato de cada par. El izquierdo desaparecía, y el derecho se quedaba allí, esperando.

Al principio parecía pura casualidad. Pero muy pronto todos notaron que, por debajo, se escondía un patrón misterioso. Los que más lo sentían eran los niños, porque justamente sus zapatos favoritos y coloridos eran los que desaparecían con más frecuencia.

La pequeña Lía quería sus zapatitos rojos con brillos más que a nada en el mundo entero. Por eso, una mañana, cuando se despertó y vio que uno de ellos ya no estaba, el corazón le dio un vuelco.

Frunció el ceño y sí, se puso un poquito triste, pero en lugar de llorar decidió empezar su propia investigación y resolver el misterio de una vez por todas. —¡Esto ya no tiene ninguna gracia! —dijo Lía con firmeza a sus amigos Tomás, Sara y Max—. ¡Vamos a averiguar quién o qué se lleva nuestros zapatos!

—A lo mejor es algún coleccionista de zapatos que sale de noche —supuso Max, dando vueltas a una zapatilla solitaria entre las manos. —O quizá —dijo Sara en voz bajita y muy pensativa— los zapatos se escapan solos cuando nadie los quiere.

Para resolver el misterio, los niños decidieron montar guardia de noche junto a la casa de Lía. Se escondieron entre los arbustos, tapados con una manta calentita, y se quedaron muy quietos, esperando. La luna brillaba resplandeciente y la noche era silenciosa y llena de secretos. Y de repente, bajo la luz plateada de la luna, aparecieron unas figuras diminutas.

No eran más grandes que una manzana, con alitas transparentes que brillaban como gotas de rocío, y llevaban en las manos farolillos minúsculos. —¡Hadas! —susurró Lía con los ojos como platos.
Sigue leyendo en la aplicación
La segunda mitad del cuento, con ilustraciones y sin internet.

Escanea para abrir en el celular
¿Quieres saber quién escribió estos cuentos y cómo eran en la primera edición? Mira los artículos
Más cuentos
El panecillo redondo5-6 min de lectura · 12 páginas
El secreto del árbol encantado6-8 min de lectura · 16 páginas
El señor Gato5-7 min de lectura · 12 páginas
Emma y la estrella de Navidad perdida5-7 min de lectura · 13 páginas
Fifi y las galletas de los deseos10-12 min de lectura · 29 páginas
Hansel y Gretel8-10 min de lectura · 16 páginas
- El nabo gigante — cuentos para niños de 3 años
- El panecillo redondo — cuentos para niños de 3 años
- El pastor mentiroso — cuentos para niños de 5 años
- El patito feo — cuentos para niños de 5 años
- El pescador y su mujer — cuentos para niños de 5 años
- El pueblo que perdió sus colores — cuentos para niños de 6 años






