La mesita, pon la mesa

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La mesita, pon la mesa, el cuento de los hermanos Grimm para leer a los niños. Tres hermanos vuelven a casa con una mesa, un burro y un saco.

Un sastre tenía tres hijos y una sola cabra.

Un sastre tenía tres hijos y una sola cabra. La cabra daba leche, así que había que darle de comer bien, y cada día la llevaba a pastar uno de los hijos por turno.

El mayor la llevó a un prado con la hierba más alta que había.

El mayor la llevó a un prado con la hierba más alta que había. Por la tarde le preguntó: — Cabra, ¿estás harta? — Tan harta estoy que ni una hoja más — dijo la cabra. En casa el padre preguntó lo mismo, y la cabra contestó que no había comido más que hierbajos.

El padre tomó la vara y echó al hijo mayor de casa.

El padre tomó la vara y echó al hijo mayor de casa. Al día siguiente pasó lo mismo con el mediano, y al otro con el pequeño, porque la cabra mentía a todos por igual y el padre la creía a ella.

Y cuando se quedó solo con la cabra, el sastre le preguntó una vez más lo mismo, ya sin nadie delante.

Y cuando se quedó solo con la cabra, el sastre le preguntó una vez más lo mismo, ya sin nadie delante. Y la cabra volvió a decir que se había quedado con hambre. Entonces el sastre entendió lo que había hecho, tomó la navaja, le rapó la cabeza a la cabra y la echó al camino.

Mientras tanto el hijo mayor se había puesto a trabajar con un carpintero.

Mientras tanto el hijo mayor se había puesto a trabajar con un carpintero. Cuando terminó de aprender, el maestro le regaló una mesa de madera, corriente y un poco vieja.

— No es una mesa cualquiera — dijo el maestro —.

— No es una mesa cualquiera — dijo el maestro —. Dile «Mesita, pon la mesa» y verás. El muchacho lo dijo, y en la mesa aparecieron un mantel, un plato, un cuchillo y un tenedor, carne asada y una jarra de vino.

Se puso en camino hacia casa, y por la tarde llegó a una posada.

Se puso en camino hacia casa, y por la tarde llegó a una posada. La posada estaba llena, y él dijo que no hacía falta que le sirvieran nada, puso la mesa en medio y dijo las palabras. Toda la sala se quedó mirando, y el posadero se quedó mirando más que nadie.

Por la noche el posadero bajó al sótano, subió otra mesa vieja exactamente igual y las cambió.

Por la noche el posadero bajó al sótano, subió otra mesa vieja exactamente igual y las cambió. Por la mañana el muchacho cargó la mesa y se fue a casa tan contento. Y en casa, delante de todos los vecinos que había invitado, la mesa no hizo nada de nada.

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Fuente del texto: Trama de los hermanos Grimm (1812), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

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