Los tres cerditos: el cuento original

En la versión impresa más antigua el lobo se come a dos de los cerditos, y el tercero se lo come a él. Quién lo recogió y qué se cambió después.

Los tres cerditos no tiene autor. Es un cuento popular inglés que se contaba en voz alta mucho antes de que nadie lo imprimiera, y por eso la pregunta «cuál es el cuento original» tiene una respuesta incómoda: el más antiguo que se conserva por escrito, no el primero que existió.

Quién lo puso por escrito

James Orchard Halliwell lo recogió en su colección de rimas infantiles inglesas en 1886. Unos años después, en 1890, Joseph Jacobs lo incluyó en English Fairy Tales, y es esa versión la que dio la vuelta al mundo. Ninguno de los dos lo escribió: los dos lo apuntaron.

Qué pasaba en esa versión

El lobo derriba la casa de paja y se come al primer cerdito. Derriba la de palos y se come al segundo. Con la de ladrillos no puede, así que intenta engañar al tercero tres veces — con unos nabos, con un manzano y con una feria — y el cerdito se le adelanta las tres. Al final el lobo baja por la chimenea, cae en la olla, y el cerdito lo cuece y se lo cena.

También es la versión donde aparece la frase que todo el mundo conoce: soplaré y soplaré y la casa derribaré.

Qué se cambió y por qué

En las versiones del siglo XX los dos primeros cerditos dejan de morir: salen corriendo y se refugian en casa del tercero. El lobo tampoco acaba en la olla; se escapa escaldado y no vuelve. El cambio no lo hizo un autor, lo hizo el uso: el cuento pasó a leerse a niños pequeños antes de dormir, y un final en el que dos hermanos son devorados no sirve para eso.

Nuestra versión va por ahí: los tres cerditos terminan juntos en la casa de ladrillos y el lobo se marcha. La tensión se queda entera, porque la tensión está en las tres casas, no en lo que le pasa al lobo.

La moraleja

El cuento no la dice en voz alta — no es una fábula. Pero está construido para que se vea: tres hermanos, el mismo peligro y tres maneras de prepararse. El que tardó más en construir es el único que no tuvo que salir corriendo.

Por eso funciona tan bien a partir de los cuatro años: la estructura de tres es fácil de seguir, y la conclusión el niño la saca solo. Si se le explica al terminar, se le quita justo lo mejor.

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