Caperucita Roja: el cuento original

Perrault en 1697, los hermanos Grimm cien años después, y antes de los dos una versión oral del siglo XIV que no se puede leer a un niño.

Caperucita Roja es el mejor ejemplo de que un cuento rara vez tiene un solo autor. La misma historia existe en tres versiones que no se diferencian en un detalle, sino en el final — y en un cuento el final lo es todo.

Quien busca «el cuento original» suele esperar una sola respuesta. Aquí no la hay, y la explicación de por qué no la hay es más interesante que cualquiera de las tres versiones por separado.

La versión popular — sin autor

Se contaba en Francia y en el norte de Italia mucho antes de que nadie la imprimiera; hay rastros suyos ya en el siglo XIV. La niña se encuentra con el lobo, el lobo llega antes a casa de la abuela, y la niña se escapa por su cuenta: dice que necesita salir un momento y no vuelve. Nadie la salva, porque no hay quién.

En esas versiones orales hay además una escena que explica sola por qué este cuento no nació para niños: cuando la niña llega, el lobo la invita a comer un poco de carne y beber un poco de vino — y son la carne y la sangre de la abuela. No es una interpretación de estudiosos: está en el texto que se recogió.

Tampoco hay capucha, ni color, ni nombre. Solo una niña, un camino y un lobo que llega antes.

Charles Perrault, 1697

El primero que la puso por escrito. Salió en «Histoires et contes du temps passé, avec des moralités» — y el subtítulo ya dice para qué servía el libro: para las moralejas. No era una colección de cuentos para dormir, era literatura de salón.

Su versión termina con el lobo comiéndose a la niña, y ahí se acaba, sin rescate y sin cazador. Debajo del cuento hay una moraleja en verso que advierte a las jóvenes sobre los desconocidos de buenos modales. Esa moraleja es la prueba de quién era el lector: nadie escribe una advertencia sobre galanes para un niño de cinco años.

Perrault quitó la escena de la carne y la sangre. Es decir: el primer gran recorte del cuento no lo hicieron los Grimm ni Disney, lo hizo su primer autor impreso.

Los hermanos Grimm, 1812

Fueron ellos quienes añadieron al cazador que abre al lobo y saca vivas a la abuela y a la nieta. Con ese cambio el cuento pasa de parábola a cuento infantil: el miedo sigue ahí entero, pero termina.

Su versión añade además una segunda parte que casi nadie cuenta: Caperucita se encuentra con otro lobo, y esta vez no se sale del camino, avisa a la abuela y entre las dos lo resuelven sin que aparezca nadie a salvarlas. Es la única versión en la que la niña aprende algo y se ve que lo ha aprendido.

Esta es la versión que sobrevivió, y es la que conoce un niño que no ha oído hablar ni de Perrault ni de los Grimm.

Por qué las versiones se diferencian tanto

Porque se escribieron para gente distinta. Perrault componía la suya para la corte — de ahí la moraleja de advertencia y la falta de rescate. Los Grimm publicaban un libro que compraban las familias, y una familia no quiere que el niño se duerma en la escena en la que han muerto todos.

La versión popular no era ni una cosa ni la otra. Se contaba por la noche, entre adultos, y la niña se las arreglaba sola porque en aquel mundo nadie salvaba a nadie.

Entonces, ¿cuál es el original?

Ninguno de los tres, y los tres. La versión oral es la más antigua pero no existe como texto fijo: hay varias recogidas y ninguna es «la» versión. La de Perrault es la primera impresa, pero ya es una adaptación con un propósito. La de los Grimm es la más leída, y es la más nueva de las tres.

Dicho de otra forma: «el cuento original» no es un texto que alguien perdió, es una pregunta mal planteada. Lo que se puede saber con precisión es quién cambió qué, y eso es lo que está arriba.

Qué decirle a un niño que pregunta

La pregunta suele ser una de dos: «¿el lobo se la comió de verdad?» o «¿por qué la abuela no se dio cuenta?». Para la primera, la respuesta corta y honesta funciona mejor que cualquier rodeo: en algunas versiones sí, y esas no son las que leemos.

Para la segunda no hace falta defender el cuento. Un niño de cinco años ya nota que un lobo con gorro no engaña a nadie, y ese es justo el momento en que empieza a disfrutar del cuento en lugar de creérselo.

Cuál leerle a un niño

La del cazador, y no porque sea más suave. Un niño aguanta el miedo dentro de un cuento si el miedo se acaba; la versión de Perrault no lo acaba. La nuestra va con los Grimm: la tensión se queda, el lobo no se come a nadie delante del lector, y la abuela y la nieta vuelven a casa.

Si el niño ya conoce el cuento y quiere más, la segunda parte de los Grimm — la del segundo lobo — es la mejor continuación que existe, y casi nunca se la cuentan.

Y la capucha roja, ¿de dónde sale?

De Perrault. En las versiones populares no se menciona ninguna capucha; la niña no tiene ni nombre ni color. Perrault le puso la caperuza roja y con ella se quedó para siempre, hasta el punto de que hoy es lo único que casi todo el mundo recuerda del cuento.

Es un buen recordatorio de cómo funcionan estos cuentos: el detalle que todos tenemos en la cabeza lo inventó una persona concreta, en una fecha concreta, y no viene de ninguna tradición antigua.

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