La leyenda de los volcanes

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La leyenda de los volcanes, leyenda mexicana para leer a los niños. Popocatépetl e Iztaccíhuatl: por qué una montaña duerme y la otra echa humo.

Si desde la Ciudad de México se mira hacia el sureste en un día claro, se ven dos montañas muy altas, una al lado de la otra.

Si desde la Ciudad de México se mira hacia el sureste en un día claro, se ven dos montañas muy altas, una al lado de la otra. Una está tumbada y cubierta de nieve, y se parece a una mujer dormida. La otra echa humo. Esta es la historia de por qué.

Hace mucho tiempo, cuando en aquel valle había un reino, el rey tenía una hija que se llamaba Iztaccíhuatl.

Hace mucho tiempo, cuando en aquel valle había un reino, el rey tenía una hija que se llamaba Iztaccíhuatl. Era la única, y por eso el rey la quería de esa manera difícil en que a veces se quiere: sin dejarla decidir nada.

En el ejército de aquel reino había un guerrero joven llamado Popocatépetl.

En el ejército de aquel reino había un guerrero joven llamado Popocatépetl. No era hijo de nadie importante. Se habían conocido sin buscarlo, y se querían, y en el palacio lo sabían todos menos el rey, que era el último en enterarse de las cosas de su casa.

Cuando se enteró, no dijo que no.

Cuando se enteró, no dijo que no. Dijo algo peor: — Ve a la guerra del sur. Si vuelves vencedor, te la doy. Y lo dijo sabiendo que de aquella guerra casi nadie volvía.

Popocatépetl se fue. Iztaccíhuatl se quedó en el palacio, y empezó a esperar. Al principio contaba los días; después dejó de…

Popocatépetl se fue. Iztaccíhuatl se quedó en el palacio, y empezó a esperar. Al principio contaba los días; después dejó de contarlos, porque eran demasiados y contarlos los hacía más largos.

En el sur la guerra fue dura y duró meses.

En el sur la guerra fue dura y duró meses. Popocatépetl peleó bien, no porque quisiera la guerra, sino porque cada batalla que terminaba lo acercaba un día a volver.

Y entonces pasó lo que suele pasar cuando alguien quiere algo que no le corresponde.

Y entonces pasó lo que suele pasar cuando alguien quiere algo que no le corresponde. Otro guerrero, que también quería a la princesa, mandó al palacio una noticia falsa: que Popocatépetl había caído en el sur y que no volvería.

La noticia llegó al mediodía.

La noticia llegó al mediodía. Iztaccíhuatl la escuchó de pie, no preguntó nada y se fue a su cuarto. No lloró delante de nadie. Dejó de comer, dejó de hablar y dejó de levantarse, y en pocos días se murió de tristeza, que es una manera de morirse de la que la gente no habla mucho.

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Fuente del texto: Leyenda popular mexicana de origen náhuatl, en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la versión de nadie.

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