La tortuga y la liebre

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La tortuga y la liebre, la fábula de Esopo con moraleja. La liebre es la más rápida del bosque y se duerme a cien saltos de la meta.

La liebre era la más rápida de todo el bosque y lo sabía muy bien.

La liebre era la más rápida de todo el bosque y lo sabía muy bien. También sabía que los demás lo sabían, y eso le gustaba todavía más. Cada mañana daba una vuelta por el camino grande para que todos la vieran pasar.

Aquella mañana cruzaba el camino una tortuga.

Aquella mañana cruzaba el camino una tortuga. No iba rápido. Iba como van las tortugas: paso, paso, y otro paso, mirando siempre lo que tenía justo delante.

— Mírate — dijo la liebre, y se tumbó en la hierba para verla mejor —.

— Mírate — dijo la liebre, y se tumbó en la hierba para verla mejor —. A este paso llegarás al arroyo por la noche.

— Puede — dijo la tortuga —.

— Puede — dijo la tortuga —. Pero entonces estaré en el arroyo. Y no se paró.

— Pues echemos una carrera — dijo la liebre y se puso de pie de un salto —.

— Pues echemos una carrera — dijo la liebre y se puso de pie de un salto —. De aquí al roble viejo. Yo te doy la salida cuando quieras.

— Bien — dijo la tortuga.

— Bien — dijo la tortuga. No dijo nada más y ni siquiera se volvió a mirarla.

El pájaro carpintero golpeó tres veces y aquella fue la señal.

El pájaro carpintero golpeó tres veces y aquella fue la señal. La liebre desapareció antes de que se apagara el último golpe. La tortuga se puso en marcha como llevaba andando toda la mañana.

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Fuente del texto: Fábula de Esopo (siglo VI a. C.), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

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