La leyenda del colibrí

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La leyenda del colibrí, leyenda maya para leer a los niños. Los dioses ya lo habían hecho todo, y entonces se dieron cuenta de que faltaba algo.

Cuando los dioses hicieron el mundo, lo hicieron entero y con calma.

Cuando los dioses hicieron el mundo, lo hicieron entero y con calma. Hicieron cada piedra y cada grano de arena, cada árbol y cada nube, cada animal y cada persona. Trabajaron mucho tiempo y al final se sentaron a mirar lo que habían hecho, que es lo que se hace cuando algo se acaba.

Y mirando se dieron cuenta de una cosa.

Y mirando se dieron cuenta de una cosa. Todo estaba en su sitio, pero cada uno estaba en el SUYO: la gente aquí, los dioses allá, y en medio nada. Si alguien pensaba algo bueno de otro, ese pensamiento se quedaba donde había nacido.

— Falta alguien que lleve los pensamientos de un lado a otro — dijeron —.

— Falta alguien que lleve los pensamientos de un lado a otro — dijeron —. Alguien pequeño y rápido, que entre por cualquier sitio y no moleste a nadie.

Fueron a buscar barro para hacerlo, y no quedaba barro.

Fueron a buscar barro para hacerlo, y no quedaba barro. Fueron a buscar maíz, y no quedaba maíz. Lo habían usado todo, hasta el último puñado, en los animales y en las personas.

Se quedaron un rato sin saber qué hacer.

Se quedaron un rato sin saber qué hacer. Y entonces uno de ellos vio, en el suelo, una piedra verde que había sobrado de otra cosa. Era jade: duro, liso y del color del agua honda.

Tomaron la piedra y se pusieron a tallar.

Tomaron la piedra y se pusieron a tallar. No hicieron un pájaro — no sabían cómo sería —, hicieron una flecha muy pequeña, con la punta fina y el cuerpo apretado, para que fuera lo más rápido posible.

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Fuente del texto: Leyenda popular maya, en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la versión de nadie.

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