La leyenda del maíz

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La leyenda del maíz, leyenda mexicana para leer a los niños. Los dioses no logran abrir la montaña a la fuerza, y Quetzalcóatl se convierte en hormiga.

Hace muchos siglos la gente comía raíces, y lo que se cazaba, y lo que se encontraba.

Hace muchos siglos la gente comía raíces, y lo que se cazaba, y lo que se encontraba. Había días buenos y días en que no había nada, y los niños aprendían temprano a dormirse con hambre.

Y sin embargo todos sabían que existía otra cosa.

Y sin embargo todos sabían que existía otra cosa. Detrás de las montañas grandes, decían, hay un grano amarillo que se siembra una vez y da de comer todo el año. Se llamaba maíz. Nadie lo había visto, pero todos sabían el nombre.

Los dioses decidieron traerlo.

Los dioses decidieron traerlo. El primero llegó hasta la montaña y empujó con los hombros; la montaña no se movió. El segundo golpeó con un rayo; la montaña quedó negra por fuera y cerrada por dentro. Otros probaron con agua, con viento y con fuego, y la montaña siguió igual.

Cuando ya no quedaba nadie por probar, se levantó Quetzalcóatl.

Cuando ya no quedaba nadie por probar, se levantó Quetzalcóatl. — Yo lo traigo — dijo. — ¿Con qué fuerza? — le preguntaron —. Aquí han fallado todas. — Sin fuerza — dijo Quetzalcóatl —. La montaña está cerrada para lo grande, no para lo pequeño.

Bajó a la tierra y se sentó a mirar el suelo, que es donde nadie mira.

Bajó a la tierra y se sentó a mirar el suelo, que es donde nadie mira. Y al rato vio pasar una hormiga roja cargando un grano amarillo más grande que ella. — ¿De dónde traes eso? — preguntó. — De dentro de la montaña — dijo la hormiga —. Hay un camino, pero no te va a servir: es del tamaño de mi cabeza.

— Enséñamelo de todas formas — dijo Quetzalcóatl.

— Enséñamelo de todas formas — dijo Quetzalcóatl. Y entonces hizo algo que ningún dios había hecho: se volvió pequeño. Se volvió una hormiga negra, con seis patas y dos antenas, y se puso al lado de la hormiga roja en el camino.

El camino entraba por una grieta que desde fuera no se veía.

El camino entraba por una grieta que desde fuera no se veía. Dentro estaba oscuro y el aire olía a piedra mojada. Iban en fila, la roja delante y la negra detrás, y el túnel bajaba y subía y volvía a bajar.

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Fuente del texto: Leyenda popular mexicana de origen náhuatl, en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la versión de nadie.

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