El árbol de los animales del bosque

  • 5-7 min de lectura
  • 14 páginas

Un cuento de Navidad para leer a los niños. Un abeto torcido que nadie quería acaba siendo el árbol que decoran todos los animales del bosque.

Al borde del bosque crecía un abeto pequeño que no quería nadie.

Al borde del bosque crecía un abeto pequeño que no quería nadie. Había crecido torcido porque, cuando era muy pequeño, tenía una piedra en el camino y tuvo que rodearla. Desde entonces el tronco le subía haciendo una curva, y las ramas de un lado eran más largas que las del otro.

Todos los años, en diciembre, venían hombres con sierras.

Todos los años, en diciembre, venían hombres con sierras. Se paraban, miraban el abeto, a veces hasta inclinaban la cabeza para verlo desde otro ángulo — y seguían adelante, hacia los que estaban más adentro, donde los troncos suben rectos.

Aquel invierno la nieve llegó pronto.

Aquel invierno la nieve llegó pronto. Llegó tan pronto que los pájaros no tuvieron tiempo de esconder nada y los ratones todavía andaban por fuera buscando lo que no habían guardado. La ardilla removió su nieve tres veces y encontró dos avellanas.

La ardilla estuvo buscando toda la mañana en los tres sitios donde había enterrado algo en otoño: bajo la raíz del banco,…

La ardilla estuvo buscando toda la mañana en los tres sitios donde había enterrado algo en otoño: bajo la raíz del banco, junto al tocón y detrás de la piedra plana. En el primero no había nada. En el segundo, tampoco. En el tercero encontró una avellana, y era la última que le quedaba.

Por la tarde se sentó debajo del abeto torcido, porque allí había menos viento y porque desde allí se veían las luces del…

Por la tarde se sentó debajo del abeto torcido, porque allí había menos viento y porque desde allí se veían las luces del pueblo. — Mañana es Navidad — dijo en voz alta, aunque no había nadie.

— En casa de los hombres — dijo el mirlo desde arriba — ese día se cuelga algo de un árbol.

— En casa de los hombres — dijo el mirlo desde arriba — ese día se cuelga algo de un árbol. Lo he visto muchas veces por las ventanas, cuando venía a mirar si había migas en el alféizar.

La ardilla miró hacia arriba, a lo largo del abeto torcido, hasta donde las ramas se vuelven finas.

La ardilla miró hacia arriba, a lo largo del abeto torcido, hasta donde las ramas se vuelven finas. Después miró su avellana. Después volvió a mirar arriba.

Sigue leyendo en la aplicación

La segunda mitad del cuento, con ilustraciones y sin internet.

Probar gratis

Escanea para abrir en el celular

Más cuentos