La guerra de los yacarés
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- 18 páginas
La guerra de los yacarés, de Horacio Quiroga, para leer a los niños. Un barco espanta los peces del río y los yacarés deciden construir un dique.

En un río muy grande, en un país desierto donde nunca había estado un hombre, vivían muchos yacarés. Eran más de cien, o más de mil. Comían pescados y bichos que iban a tomar agua al río, pero sobre todo pescados. Dormían la siesta en la arena de la orilla, y cuando tenían hambre se tiraban al agua.

Así vivían tranquilos y contentos. Pero una tarde, mientras dormían la siesta, un yacaré se despertó de golpe y levantó la cabeza porque creía haber sentido ruido. Prestó oídos, y lejos, muy lejos, oyó un ruido sordo y profundo.

Entonces llamó al yacaré que dormía a su lado. — ¡Despiértate! — le dijo —. Hay peligro. — ¿Qué cosa? — respondió el otro, alarmado. — No sé — contestó el primero —. Es un ruido desconocido. El segundo yacaré oyó el ruido a su vez, y en un momento despertaron a los demás.

Todos se asustaron y corrían de un lado para otro con la cola levantada. Y no era para menos su inquietud, porque el ruido crecía, crecía. Pronto vieron como una nube de humo a lo lejos, y sintieron un ruido de chas-chas en el río, como si golpearan el agua muy lejos.

Los yacarés se miraban unos a otros: ¿qué podía ser aquello? Pero un yacaré viejo, un yacaré sabio a quien no quedaban sino dos dientes sanos en los costados de la boca, y que había hecho una vez un viaje hasta el mar, dijo de repente: — ¡Yo sé lo que es! ¡Es una ballena! ¡Son grandes y echan agua blanca por la nariz!

Al oír esto, los yacarés chiquitos empezaron a gritar como si fueran conejos, metiendo la cabeza bajo el agua. Pero el yacaré viejo dijo: — ¡No tengan miedo! ¡Yo sé lo que es una ballena! ¡Las ballenas son buenas! Y los yacarés chicos se tranquilizaron.

Pero en seguida tuvieron que asustarse de nuevo, porque el humo gris se cambió de repente en humo negro, y todos sintieron bien fuerte ahora el chas-chas-chas en el agua. Los yacarés, espantados, se hundieron en el río, dejando solamente fuera los ojos y la punta de la nariz. Y así vieron pasar delante de ellos aquella cosa inmensa, llena de humo y golpeando el agua, que era un vapor de ruedas que navegaba por primera vez por aquel río.

El vapor pasó, se alejó y desapareció. Los yacarés entonces fueron saliendo del agua, muy enojados con el viejo yacaré, porque los había engañado diciéndoles que aquello era una ballena. — ¡Eso no es una ballena! — le gritaron en las orejas, porque era un poco sordo —. ¿Qué es eso que pasó? El viejo yacaré les explicó entonces que era un vapor, lleno de fuego, y que los yacarés se iban a quedar sin comer si el buque seguía pasando.

Pero los yacarés se rieron, porque creyeron que el viejo se había vuelto loco. ¿Por qué se iban a quedar sin comer si el buque seguía pasando? ¡Bien loco estaba el pobre yacaré viejo! Y como tenían hambre, se pusieron todos a buscar pescados. Pero no había ni un pescado. No encontraron un solo pescado. Todos se habían ido, asustados por el ruido del vapor.
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La segunda mitad del cuento, con ilustraciones y sin internet.

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Fuente del texto: Trama de Horacio Quiroga, de «Cuentos de la selva» (1918). En dominio público desde 2008. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la edición de nadie.
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