La abeja haragana
- 9-11 min de lectura
- 18 páginas
La abeja haragana, de Horacio Quiroga, para leer a los niños. Una abeja que no quería trabajar pasa una noche fuera de la colmena y aprende por qué.

Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar. Recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores; pero en vez de guardarlo para convertirlo en miel, se lo tomaba todo.

Era, pues, una abeja haragana. Todas las mañanas, apenas el sol calentaba el aire, la abejita se asomaba a la puerta de la colmena, veía que hacía buen tiempo, se peinaba con las patas como hacen las moscas, y echaba entonces a volar, muy contenta del lindo día.

Zumbaba de flor en flor, iba a la colmena, volvía a salir, y así se pasaba todo el día mientras las otras abejas se mataban trabajando para llenar la colmena de miel, porque la miel es el alimento de las abejas recién nacidas.

Como las abejas son muy serias, comenzaron a disgustarse con el proceder de la hermana haragana. En la puerta de las colmenas hay siempre unas cuantas abejas que están de guardia para cuidar que no entren bichos en la colmena. Estas abejas suelen ser muy viejas, con gran experiencia de la vida y el lomo pelado porque han perdido todos los pelos de rozar contra la puerta.

Un día, pues, detuvieron a la abeja haragana cuando iba a entrar, diciéndole: — Compañera: es necesario que trabajes, porque todas las abejas debemos trabajar. La abejita contestó: — Yo ando todo el día volando, y me canso mucho. — No es cuestión de que te canses mucho — respondieron —, sino de que trabajes un poco. Es la primera advertencia que te hacemos.

Y diciendo así la dejaron pasar. Pero la abeja haragana no se corregía. De modo que a la tarde siguiente las abejas que estaban de guardia le dijeron: — Hay que trabajar, hermana. Y ella respondió en seguida: — ¡Uno de estos días lo voy a hacer! — No es cuestión de que lo hagas uno de estos días — le respondieron — sino mañana mismo. Acuérdate de esto. Y la dejaron pasar.

Al anochecer del día siguiente ocurrió lo mismo. Antes de que las abejas dijeran nada, ella exclamó: — ¡Sí, sí, hermanas! ¡Ya me acuerdo de lo que he prometido! — No es cuestión de que te acuerdes de lo prometido — le respondieron —, sino de que trabajes. Hoy es 19 de abril. Pues bien: trata de que mañana, 20, hayas traído una gota siquiera de miel. Y ahora, pasa.

Y diciendo esto se apartaron para dejarla entrar. Pero el 20 de abril pasó en vano como todos los demás. Con la diferencia de que al caer el sol el tiempo se descompuso y comenzó a soplar un viento frío.

La abejita haragana voló apresurada hacia su colmena, pensando en lo calentito que estaría allá dentro. Pero cuando quiso entrar, las abejas que estaban de guardia se lo impidieron. — ¡No se entra! — le dijeron fríamente. — ¡Yo quiero entrar! — clamó la abejita —. Esta es mi colmena. — Esta es la colmena de unas pobres abejas trabajadoras — le contestaron las otras —. No hay entrada para las haraganas.
Sigue leyendo en la aplicación
La segunda mitad del cuento, con ilustraciones y sin internet.

Escanea para abrir en el celular
Fuente del texto: Trama de Horacio Quiroga, de «Cuentos de la selva» (1918). En dominio público desde 2008. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la edición de nadie.
¿Quieres saber quién escribió estos cuentos y cómo eran en la primera edición? Mira los artículos
Más cuentos
La guerra de los yacarés10-12 min de lectura · 18 páginas
La tortuga gigante9-11 min de lectura · 18 páginas
Las medias de los flamencos8-10 min de lectura · 16 páginas
El loro pelado8-10 min de lectura · 18 páginas
- La ardillita que guardaba estrellas — cuentos para niños de 8 años
- La bella durmiente — cuentos para niños de 5 años
- La bella y la bestia — cuentos para niños de 6 años
- La bellota de los vientos — cuentos para niños de 5 años
- La biblioteca de los sueños olvidados — cuentos para niños de 8 años
- La brújula del corazón bondadoso — cuentos para niños de 6 años