Doña Nieve

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  • 16 páginas

Doña Nieve, el cuento de los Grimm para leer a los niños. Una muchacha cae dentro de un pozo y aparece en un prado donde todo le pide ayuda.

Una viuda tenía dos hijas.

Una viuda tenía dos hijas. Una era suya, y a esa se le dejaba dormir hasta que el sol estaba alto. La otra era la hija de su marido, y a esa se le mandaba hilar junto al pozo desde que amanecía.

Hilaba tanto y tanto rato que le sangraban los dedos.

Hilaba tanto y tanto rato que le sangraban los dedos. Una tarde metió el huso en el pozo para lavar la sangre, y el huso se le resbaló de las manos y se hundió.

Corrió a casa y contó lo que había pasado desde la misma puerta, antes de quitarse el pañuelo.

Corrió a casa y contó lo que había pasado desde la misma puerta, antes de quitarse el pañuelo. La madrastra apenas la escuchó. — Tú lo has tirado, tú lo sacas — dijo, y volvió a lo suyo.

La muchacha estuvo mucho rato junto al pozo mirando hacia abajo.

La muchacha estuvo mucho rato junto al pozo mirando hacia abajo. Allí estaba oscuro y callado, y olía a piedra fría y a agua que hacía mucho que nadie sacaba. Al final cerró los ojos y saltó.

No cayó como se cae en un pozo.

No cayó como se cae en un pozo. Se hizo de día en vez de noche, la caída se fue frenando, y cuando pudo ponerse de pie otra vez, estaba en un prado con el sol alto y miles de flores abiertas.

Echó a andar por el prado, porque a algún sitio hay que ir.

Echó a andar por el prado, porque a algún sitio hay que ir. Al poco llegó a un horno de pan, y del horno salía una voz: — ¡Sácame! ¡Sácame, que me quemo! Llevo aquí dentro desde hace rato.

Descorrió el cerrojo y le salió un golpe de calor.

Descorrió el cerrojo y le salió un golpe de calor. El horno estaba lleno de panes, y los de abajo ya se estaban poniendo oscuros por los bordes. Tomó la pala, que estaba apoyada allí al lado, y los fue sacando todos, uno por uno, hasta el último.

Un poco más allá había un manzano tan cargado que las ramas colgaban casi hasta el suelo.

Un poco más allá había un manzano tan cargado que las ramas colgaban casi hasta el suelo. — Sacúdeme — dijo el árbol —, que mis manzanas ya están maduras. La muchacha lo sacudió, recogió todas las manzanas del suelo y las apiló, y siguió andando.

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Fuente del texto: Trama de los hermanos Grimm (1812), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

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