Caperucita Roja

  • 5-7 min de lectura
  • 16 páginas

Caperucita Roja para leer a los niños. Una niña cruza el bosque para llevarle la merienda a su abuela y se sale del camino una sola vez.

Había una vez una niña a la que en todo el pueblo llamaban Caperucita Roja.

Había una vez una niña a la que en todo el pueblo llamaban Caperucita Roja. ¿Y por qué? Porque su abuela le había cosido una capa de terciopelo rojo con capucha, y la niña se la ponía para todo: para ir a por agua, para ir a la escuela y para ir a dormir, si la dejaban.

Una mañana su madre la llamó a la cocina.

Una mañana su madre la llamó a la cocina. Sobre la mesa había una cesta de mimbre tapada con un paño. — La abuela está enferma — dijo —. Llévale este pastel y esta botella de leche. Ve derecha por el camino, no te pares y no hables con nadie.

— Me acordaré — prometió Caperucita.

— Me acordaré — prometió Caperucita. Tomó la cesta con las dos manos, porque pesaba más de lo que parecía, y salió. La casa de la abuela estaba al otro lado del bosque, junto a tres robles viejos que se veían desde lejos.

En el bosque olía a musgo y a resina.

En el bosque olía a musgo y a resina. El sol se colaba entre las ramas y dejaba manchas claras en el camino. Caperucita iba contando las manchas y no se dio cuenta de que el camino se estrechaba y los árboles se juntaban cada vez más.

Pasada una curva, donde los árboles crecían más juntos y el camino se hacía oscuro, la esperaba el lobo.

Pasada una curva, donde los árboles crecían más juntos y el camino se hacía oscuro, la esperaba el lobo. Era grande, gris y no parecía tener prisa. — Buenos días, niña — dijo con voz suave —. ¿Adónde vas tan temprano?

— A casa de mi abuela — contestó la niña, porque todavía no sabía que hay a quien es mejor no contarle nada —.

— A casa de mi abuela — contestó la niña, porque todavía no sabía que hay a quien es mejor no contarle nada —. Está enferma y le llevo un pastel. — ¿Y dónde vive tu abuela? — preguntó el lobo, como si le diera lo mismo. — Al otro lado del bosque, junto a los tres robles.

El lobo volvió la cabeza y sonrió de manera que no se le vieran los dientes.

El lobo volvió la cabeza y sonrió de manera que no se le vieran los dientes. — Mira cuántas flores hay aquí — dijo —. ¿No quieres llevarle un ramo? Seguro que a tu abuela le gusta más un ramo que un pastel.

Caperucita miró alrededor.

Caperucita miró alrededor. Era verdad: entre los árboles brillaban campanillas y margaritas, y un poco más allá se veían otras azules, más bonitas todavía.

Sigue leyendo en la aplicación

La segunda mitad del cuento, con ilustraciones y sin internet.

Probar gratis

Escanea para abrir en el celular

Fuente del texto: Trama de los hermanos Grimm (1812), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

Personajes de Caperucita Roja

Caperucita Roja
La llaman así por la capa de terciopelo rojo con capucha que le cosió su abuela.
La madre
La manda con un pastel y leche, y le dice que no se salga del camino.
La abuela
Vive al otro lado del bosque. En esta versión no se la come nadie: el lobo la encierra en el armario, y sale entera.
El lobo
Habla con voz suave y pregunta por el camino más largo.
El guarda del bosque
Pasa por allí, oye el grito y entra con el hacha al hombro. El lobo salta por la ventana y no vuelve.

Más cuentos