Alicia en el país de las maravillas

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  • 20 páginas

Alicia en el país de las maravillas, contado para leer en voz alta. Una niña sigue a un conejo con reloj y cae donde las reglas cambian solas.

Alicia estaba sentada en la orilla junto a su hermana, aburridísima de no tener nada que hacer, cuando pasó corriendo un…

Alicia estaba sentada en la orilla junto a su hermana, aburridísima de no tener nada que hacer, cuando pasó corriendo un conejo blanco. Hasta ahí, nada raro. Pero el conejo sacó un reloj del bolsillo de su chaleco, lo miró y dijo: «¡Ay, ay, que llego tarde!» — y eso ya no era normal, así que Alicia salió detrás.

El conejo se metió por una madriguera grande debajo del seto, y Alicia entró tras él sin pararse a pensar ni un momento cómo…

El conejo se metió por una madriguera grande debajo del seto, y Alicia entró tras él sin pararse a pensar ni un momento cómo iba a salir. El túnel siguió recto un trecho y de pronto bajó en picado, y Alicia empezó a caer.

Caía muy despacio, con tiempo de mirarlo todo.

Caía muy despacio, con tiempo de mirarlo todo. Las paredes del pozo estaban llenas de alacenas y estanterías, y aquí y allá había mapas y cuadros colgados de clavos. Cogió un tarro al pasar: decía MERMELADA DE NARANJA y estaba vacío, lo cual fue una decepción.

Aterrizó por fin sobre un montón de ramas y hojas secas.

Aterrizó por fin sobre un montón de ramas y hojas secas. Delante tenía una sala larga y baja con puertas por todas partes, y todas cerradas con llave. Sobre una mesita de cristal había una llave dorada diminuta, y detrás de la cortina más pequeña, una puerta de treinta centímetros.

La llave abría esa puerta.

La llave abría esa puerta. Alicia se arrodilló y miró por el pasillo hacia el jardín más bonito que había visto nunca, y no le cabía ni la cabeza. «De poco serviría», pensó, «aunque la cabeza me cupiera.»

En la mesa, que desde luego antes no estaba, había un frasquito con una etiqueta que decía BÉBEME.

En la mesa, que desde luego antes no estaba, había un frasquito con una etiqueta que decía BÉBEME. Alicia miró primero si ponía «veneno», porque había leído varios cuentos sobre niños que acabaron mal por no acordarse de esas cosas. No lo ponía.

Se lo bebió y empezó a encogerse como un catalejo, hasta quedarse de veinticinco centímetros — justo para la puertecita.

Se lo bebió y empezó a encogerse como un catalejo, hasta quedarse de veinticinco centímetros — justo para la puertecita. Entonces se dio cuenta de que había dejado la llave dorada encima de la mesa, y la mesa estaba ahora altísima, y la llave se veía perfectamente a través del cristal.

Se sentó a llorar, que no sirvió de nada, y luego encontró debajo de la mesa un pastelito con las palabras CÓMEME escritas…

Se sentó a llorar, que no sirvió de nada, y luego encontró debajo de la mesa un pastelito con las palabras CÓMEME escritas con pasas. Se lo comió, y esta vez creció tanto que dio con la cabeza en el techo y tuvo que tumbarse con un codo contra la puerta.

Volvió a llorar, y lloró a litros, y las lágrimas formaron un charco enorme a su alrededor.

Volvió a llorar, y lloró a litros, y las lágrimas formaron un charco enorme a su alrededor. Después encogió otra vez y cayó en su propio charco, y nadando allí había un Ratón. Alicia empezó muy educada: «Oh, Ratón» — lo había visto en la gramática latina de su hermano — y el Ratón se limitó a mirarla.

Llegaron a la orilla con un montón de pájaros y animales chorreando, y un Dodo dijo que lo mejor para secarse era una Carrera…

Llegaron a la orilla con un montón de pájaros y animales chorreando, y un Dodo dijo que lo mejor para secarse era una Carrera en Comité. Todos corrieron en círculo, empezando y parando cuando les daba la gana, y cuando el Dodo dijo que la carrera había terminado, anunció que habían ganado todos y que todos debían llevarse premio.

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Fuente del texto: Trama de Lewis Carroll (1865), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale y acortado para leer en voz alta — no es la reimpresión de la versión de nadie.

Personajes de Alicia en el país de las maravillas

Alicia
Tiene unos siete años, es educada y se lo toma todo al pie de la letra. Intenta aplicar las reglas que le han enseñado a un lugar que no tiene ninguna, y de ahí sale casi toda la gracia.
El Conejo Blanco
Lleva chaleco de cuadros y reloj de bolsillo, y siempre llega tarde. No es un guía: no le explica nada a Alicia y encima la confunde con su criada.
El Gato de Cheshire
Sonríe de oreja a oreja y desaparece despacio, empezando por la cola y terminando por la sonrisa. Es el único que responde con honestidad, y por eso sus respuestas no sirven de nada.
La Oruga
Azul, fuma en narguile sobre una seta y empieza preguntando «¿Quién eres tú?», que es la pregunta más difícil del cuento. Dice que la seta cambia el tamaño y se va sin aclarar qué lado hace qué.
El Sombrerero Loco
Se quedó parado a las seis en punto, así que siempre es la hora del té y la mesa nunca se recoge: simplemente se corren todos un sitio.
La Liebre de Marzo
Acompaña al Sombrerero en la merienda interminable. Entre los dos le plantean a Alicia una adivinanza que no tiene respuesta.
El Lirón
Duerme casi toda la merienda y los otros dos lo usan de cojín.
La Reina de Corazones
Manda cortar cabezas y no se corta ninguna. Alicia se da cuenta antes que nadie, y ahí empieza a perder el miedo al país de las maravillas.
La Duquesa
Tiene una cocina llena de pimienta, una cocinera que tira platos y un bebé que, en cuanto sale al aire libre, se convierte en cerdito.
El Dodo
Organiza la Carrera en Comité, en la que todos corren en círculo, empiezan y paran cuando quieren, y al final ganan todos.
La hermana de Alicia
Lee en la orilla un libro sin dibujos ni diálogos, y sigue allí cuando Alicia despierta.

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