Avellana, la ardilla, y el desconocido gris

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En un bosque donde las ramas susurran cuentos vive una ardillita llamada Avellana: alegre, curiosa y amiga de cada hoja y cada ramita. Pero una mañana cualquiera, un extraño desconocido se cruza en su camino, y un simple paseo se convierte en una prueba de valentía y prudencia. Esta historia tierna ayudará a los pequeños lectores a cuidar de sí mismos y a confiar solo en los adultos que de verdad conocen.

Había una vez una ardilla llamada Avellana, y conocía cada ramita y cada hueco de todo su bosque verde.

Había una vez una ardilla llamada Avellana, y conocía cada ramita y cada hueco de todo su bosque verde. Era alegre, juguetona y muy sociable: saludaba a todos y regalaba una sonrisa brillante a cada criatura que se cruzaba en su camino.

Una mañana soleada, Avellana salió al claro a recoger bellotas.

Una mañana soleada, Avellana salió al claro a recoger bellotas. Antes de irse, su mamá le advirtió con dulzura: —No hables con desconocidos, pequeña. Si alguien te llama, no respondas. Corre enseguida a casa o busca a un adulto conocido. —¡Sí, mamá! —canturreó Avellana, y se marchó dando saltitos entre los árboles.

Cuando Avellana ya había llenado su gorrito de bellotas, un gran lobo gris se asomó de pronto por detrás de los arbustos.

Cuando Avellana ya había llenado su gorrito de bellotas, un gran lobo gris se asomó de pronto por detrás de los arbustos. Llevaba un sombrero y unas gafas oscuras, y en la pata sostenía un caramelo.

—¡Hola, ardillita! —siseó el lobo con voz melosa—. ¿Quieres saber un secreto? He encontrado un escondite lleno de caramelos……

—¡Hola, ardillita! —siseó el lobo con voz melosa—. ¿Quieres saber un secreto? He encontrado un escondite lleno de caramelos… ¡una montaña entera! Ven, te lo enseño. ¡Coge todos los que quieras!

Avellana se sorprendió: —Pero si yo no te conozco…

Avellana se sorprendió: —Pero si yo no te conozco… —¡Pues yo sé que eres una ardilla muy lista y muy buena! —sonrió el lobo, y le tendió la pata con el caramelo.

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