Pulgarcito
- 8-10 min de lectura
- 16 páginas
Pulgarcito, el cuento de los Grimm para leer a los niños. Un niño del tamaño de un pulgar sale de casa y acaba dentro de una vaca y de un lobo.
Había una vez un leñador pobre que vivía con su mujer en una cabaña al borde del bosque. Por las tardes se sentaban junto al fuego y se quejaban de lo callada que estaba la casa. — Aunque fuera solo uno — decía la mujer —, aunque fuera del tamaño de un pulgar.
Y pasó lo que ella había dicho. Les nació un niño sano y despierto, pero no creció ni un dedo más que la altura de un pulgar. Lo llamaron Pulgarcito, y con el tiempo dejó de parecerles raro, porque lo raro deja de serlo cuando se come contigo todos los días.
Un día el padre se preparaba para ir al bosque y suspiró: — Si alguien me llevara allí el carro, tardaría la mitad. — Yo te lo llevo — dijo Pulgarcito. Lo sentaron en la oreja del caballo y desde allí fue diciéndole por dónde ir, y el carro llegó al bosque él solo.
Pasaban por allí dos forasteros. — ¿Has visto? — dijo uno —. El carro va solo y alguien grita desde la oreja del caballo. Siguieron al carro, vieron a Pulgarcito y le ofrecieron dinero al padre por él, porque con un niño así se puede ganar en las ferias.
— No vendo a mi propio hijo — dijo el padre. Pero Pulgarcito se le subió al hombro y le susurró al oído: — Toma el dinero. Yo vuelvo esta misma noche. Y el padre, que conocía a su hijo, lo tomó.
Los forasteros sentaron a Pulgarcito en el ala del sombrero de uno de ellos y se marcharon. Anduvieron hasta el anochecer, y el niño iba callado mirando por dónde iban. Cuando se hizo de noche pidió que lo bajaran un momento, y en cuanto tocó el suelo se metió en una madriguera de ratón.
Lo buscaron a oscuras, picaron el suelo con palos y lo llamaron hasta que se cansaron. Al final se fueron enojados y con las manos vacías. Pulgarcito salió de la madriguera, vio que el campo estaba oscuro y se metió a dormir en una concha de caracol vacía.
Lo despertaron unas voces. Dos ladrones estaban allí mismo poniéndose de acuerdo para robar el tesoro del cura. — Yo les ayudo — dijo Pulgarcito desde abajo —. Yo paso entre los barrotes y les voy dando las cosas. Los ladrones se miraron y decidieron que aquello era una suerte.
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La segunda mitad del cuento, con ilustraciones y sin internet.

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Fuente del texto: Trama de los hermanos Grimm (1812), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.
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