Pulgarcito

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Pulgarcito, el cuento de los Grimm para leer a los niños. Un niño del tamaño de un pulgar sale de casa y acaba dentro de una vaca y de un lobo.

Había una vez un leñador pobre que vivía con su mujer en una cabaña al borde del bosque.

Había una vez un leñador pobre que vivía con su mujer en una cabaña al borde del bosque. Por las tardes se sentaban junto al fuego y se quejaban de lo callada que estaba la casa. — Aunque fuera solo uno — decía la mujer —, aunque fuera del tamaño de un pulgar.

Y pasó lo que ella había dicho.

Y pasó lo que ella había dicho. Les nació un niño sano y despierto, pero no creció ni un dedo más que la altura de un pulgar. Lo llamaron Pulgarcito, y con el tiempo dejó de parecerles raro, porque lo raro deja de serlo cuando se come contigo todos los días.

Un día el padre se preparaba para ir al bosque y suspiró: — Si alguien me llevara allí el carro, tardaría la mitad.

Un día el padre se preparaba para ir al bosque y suspiró: — Si alguien me llevara allí el carro, tardaría la mitad. — Yo te lo llevo — dijo Pulgarcito. Lo sentaron en la oreja del caballo y desde allí fue diciéndole por dónde ir, y el carro llegó al bosque él solo.

Pasaban por allí dos forasteros.

Pasaban por allí dos forasteros. — ¿Has visto? — dijo uno —. El carro va solo y alguien grita desde la oreja del caballo. Siguieron al carro, vieron a Pulgarcito y le ofrecieron dinero al padre por él, porque con un niño así se puede ganar en las ferias.

— No vendo a mi propio hijo — dijo el padre.

— No vendo a mi propio hijo — dijo el padre. Pero Pulgarcito se le subió al hombro y le susurró al oído: — Toma el dinero. Yo vuelvo esta misma noche. Y el padre, que conocía a su hijo, lo tomó.

Los forasteros sentaron a Pulgarcito en el ala del sombrero de uno de ellos y se marcharon.

Los forasteros sentaron a Pulgarcito en el ala del sombrero de uno de ellos y se marcharon. Anduvieron hasta el anochecer, y el niño iba callado mirando por dónde iban. Cuando se hizo de noche pidió que lo bajaran un momento, y en cuanto tocó el suelo se metió en una madriguera de ratón.

Lo buscaron a oscuras, picaron el suelo con palos y lo llamaron hasta que se cansaron.

Lo buscaron a oscuras, picaron el suelo con palos y lo llamaron hasta que se cansaron. Al final se fueron enojados y con las manos vacías. Pulgarcito salió de la madriguera, vio que el campo estaba oscuro y se metió a dormir en una concha de caracol vacía.

Lo despertaron unas voces.

Lo despertaron unas voces. Dos ladrones estaban allí mismo poniéndose de acuerdo para robar el tesoro del cura. — Yo les ayudo — dijo Pulgarcito desde abajo —. Yo paso entre los barrotes y les voy dando las cosas. Los ladrones se miraron y decidieron que aquello era una suerte.

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Fuente del texto: Trama de los hermanos Grimm (1812), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

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