Los cisnes salvajes

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Los cisnes salvajes, el cuento de Andersen para leer a los niños. Once hermanos convertidos en cisnes y una hermana que teje camisas de ortigas.

En un país lejano vivía un rey que tenía once hijos y una hija, Elisa.

En un país lejano vivía un rey que tenía once hijos y una hija, Elisa. Vivían bien: los hermanos iban al colegio con estrellas de plata en el pecho y escribían con pizarrines de diamante, y Elisa se sentaba en un taburete de cristal y miraba un libro de dibujos que costaba medio reino.

Después el rey se casó con una reina nueva, y la reina nueva no quería a aquellos niños.

Después el rey se casó con una reina nueva, y la reina nueva no quería a aquellos niños. A Elisa la mandó al campo, con unos aldeanos, y de los hermanos dijo tantas cosas al rey que el rey dejó de preguntar por ellos.

Y una mañana los once hermanos salieron volando por la ventana del palacio convertidos en cisnes grandes y blancos.

Y una mañana los once hermanos salieron volando por la ventana del palacio convertidos en cisnes grandes y blancos. Dieron una vuelta sobre el tejado, pasaron por encima del bosque y se fueron hacia el mar.

Elisa creció en casa de los aldeanos.

Elisa creció en casa de los aldeanos. A los quince años la llamaron de vuelta al palacio, y la reina la miró y dijo entre dientes que era demasiado guapa, y mandó llevarla otra vez al bosque, esta vez sola y sin camino.

Elisa anduvo todo el día por el bosque.

Elisa anduvo todo el día por el bosque. Al atardecer llegó a un lago y se lavó la cara en el agua clara, y se puso a dormir sobre el musgo. Y soñó con sus hermanos, y por la mañana, al despertar, no se acordaba de nada, pero se sintió con fuerzas para andar.

Una vieja que recogía bayas le contó que el día anterior había visto once cisnes con coronas de oro en la cabeza, nadando por…

Una vieja que recogía bayas le contó que el día anterior había visto once cisnes con coronas de oro en la cabeza, nadando por el río. Elisa fue río abajo, y el río la llevó hasta el mar.

Se sentó en la orilla, sobre unas algas, y esperó a que se pusiera el sol.

Se sentó en la orilla, sobre unas algas, y esperó a que se pusiera el sol. Y cuando el sol tocó el agua, llegaron volando desde el mar once cisnes blancos con coronas de oro. Se posaron en la arena, y en cuanto se puso el sol se les cayeron las plumas y allí estaban sus once hermanos.

Se abrazaron mucho rato.

Se abrazaron mucho rato. Los hermanos le contaron que de día eran cisnes y de noche personas, que no podían vivir en aquel país y que cruzaban el mar una vez al año, y que el viaje duraba justo un día entero de vuelo, sin ningún sitio donde descansar.

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Fuente del texto: Trama de Hans Christian Andersen (1838), en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

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