Buenas noches, dinosaurios

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  • 12 páginas

Un cuento de dinosaurios para dormir. Cada dinosaurio del valle se duerme a su manera, y el más pequeño todavía está buscando la suya.

Cuando en el valle empieza a oscurecer, todo se va durmiendo por orden.

Cuando en el valle empieza a oscurecer, todo se va durmiendo por orden. Primero se callan las libélulas sobre el agua, porque a oscuras no ven por dónde vuelan. Después se callan los insectos de la hierba. Y al final se calla el valle entero, menos el río, que no sabe callarse.

Los dinosaurios grandes de cuello largo se duermen de pie.

Los dinosaurios grandes de cuello largo se duermen de pie. Son demasiado pesados para tumbarse y levantarse varias veces en una noche, así que simplemente cierran los ojos en la colina, con el cuello bajado un poco, y respiran despacio.

Los dinosaurios con placas en el lomo se tumban de lado y siempre muy juntos, de manera que las placas se toquen como las…

Los dinosaurios con placas en el lomo se tumban de lado y siempre muy juntos, de manera que las placas se toquen como las tejas de un tejado. Visto desde arriba parece un solo animal muy largo, y así es más caliente.

Los dinosaurios pequeños y rápidos duermen en un nido de hojas secas, de seis o de siete a la vez.

Los dinosaurios pequeños y rápidos duermen en un nido de hojas secas, de seis o de siete a la vez. Se hacen una bola tan apretada que no se distingue dónde acaba uno y empieza el otro, y por la mañana se despiertan todos con el mismo movimiento.

Los dinosaurios con el pico plano como un pato duermen junto al agua, tan cerca del río como se puede.

Los dinosaurios con el pico plano como un pato duermen junto al agua, tan cerca del río como se puede. Les gusta oírlo mientras duermen. Cuando el agua suena igual toda la noche, quiere decir que no ha pasado nada, y eso se entiende sin abrir los ojos.

Los lagartos voladores se duermen arriba, en una repisa de roca sobre el valle, plegados como paraguas guardados después de…

Los lagartos voladores se duermen arriba, en una repisa de roca sobre el valle, plegados como paraguas guardados después de la lluvia. Se agarran a la piedra con las uñas tan fuerte que el viento puede soplar toda la noche y no los mueve.

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