Juan y las habichuelas mágicas

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Juan y las habichuelas mágicas, cuento popular inglés para leer a los niños. Cambia la vaca por cinco habichuelas y crece una planta hasta las nubes.

Juan vivía con su madre en una casa pequeña, y de toda su antigua hacienda les quedaba una vaca blanca.

Juan vivía con su madre en una casa pequeña, y de toda su antigua hacienda les quedaba una vaca blanca. La vaca daba leche, y con la leche vivían. Hasta que una mañana la vaca se quedó mirando el cubo vacío, y el cubo siguió vacío.

— Llévala al mercado — dijo la madre —.

— Llévala al mercado — dijo la madre —. Y no vuelvas con menos de lo que vale. Juan se puso en camino con la vaca de la cuerda, y no había andado ni medio camino cuando se encontró con un viejo sentado en una piedra, que parecía estar esperando exactamente a alguien como él.

— Bonita vaca — dijo el viejo —.

— Bonita vaca — dijo el viejo —. Te la cambio. Y abrió la mano: cinco habichuelas. — Son mágicas — dijo —. Si las plantas esta noche, por la mañana llegarán al cielo. Juan lo pensó un rato bastante corto y le dio la cuerda.

En casa su madre miró las habichuelas, después miró a Juan, y después tiró las habichuelas por la ventana.

En casa su madre miró las habichuelas, después miró a Juan, y después tiró las habichuelas por la ventana. Aquella noche no cenaron. Juan se durmió tarde, y por la noche el cuarto se fue quedando cada vez más oscuro, aunque no había nubes.

Por la mañana no entraba luz por la ventana.

Por la mañana no entraba luz por la ventana. Fuera, donde ayer había un huerto, crecía un tallo grueso como una torre, y subía y subía hasta meterse en las nubes, y no se veía dónde acababa. Juan salió en camisa y empezó a trepar.

Trepó toda la mañana. Abajo la casa se hizo del tamaño de una caja de cerillas, después no se vio nada, porque la niebla lo…

Trepó toda la mañana. Abajo la casa se hizo del tamaño de una caja de cerillas, después no se vio nada, porque la niebla lo tapó todo. Y cuando salió por encima de la niebla, tenía delante un camino ancho y blanco que no llevaba a ninguna parte que él conociera.

El camino llevaba a una casa enorme.

El camino llevaba a una casa enorme. En la puerta estaba una mujer igual de enorme, y Juan le pidió de comer, porque llevaba un día entero sin comer nada. — Come deprisa — dijo ella —. Mi marido vuelve pronto, y a él le gustan los niños de una manera que a ti no te va a gustar.

Juan apenas había terminado cuando la casa empezó a temblar: bum, bum, bum.

Juan apenas había terminado cuando la casa empezó a temblar: bum, bum, bum. La mujer lo metió en el horno apagado y cerró la puerta dejando una rendija. El gigante entró, olfateó el aire y dijo que olía a persona. La mujer le contestó que olía a la cena.

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Fuente del texto: Cuento popular inglés recogido en el siglo XIX, en dominio público. El texto está escrito de nuevo para Marytale — no es la reimpresión de la traducción de nadie.

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