La ardillita que guardaba estrellas

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En lo más profundo de un bosque encantado vive Sofía, una ardillita que adora contemplar el cielo estrellado más que cualquier otra cosa. Una noche, una estrella cae suavemente junto a su árbol, y Sofía sueña con reunir muchas para iluminar todo el bosque… hasta que el cielo se queda oscuro y vacío. Un cuento tierno sobre la responsabilidad, la generosidad y la belleza que nace cuando compartimos con los demás lo que tenemos.

En lo más hondo de un bosque antiguo y encantado, donde las copas de los árboles rozaban el cielo y el aire olía dulce a pino…

En lo más hondo de un bosque antiguo y encantado, donde las copas de los árboles rozaban el cielo y el aire olía dulce a pino tibio, vivía una ardillita que se llamaba Sofía.

Sofía no era una ardilla cualquiera: guardaba en su corazón un amor muy especial por el cielo de la noche.

Sofía no era una ardilla cualquiera: guardaba en su corazón un amor muy especial por el cielo de la noche. Cada tarde, cuando el sol se escondía tras las colinas, trepaba hasta la rama más alta de su árbol preferido y contemplaba las estrellas, maravillada.

Una noche, mientras admiraba el cielo resplandeciente, Sofía vio algo increíble.

Una noche, mientras admiraba el cielo resplandeciente, Sofía vio algo increíble. Una estrellita se soltó del cielo y bajó despacito, despacito, hasta posarse con suavidad sobre el musgo, junto a su árbol. Curiosa, bajó a toda prisa y la tomó con cuidado entre sus patitas. Estaba tibia y brillaba dulcemente, como un pequeño latido de luz.

—¡Ay, qué preciosa! —susurró Sofía, encantada. Y en su cabecita empezó a brillar una idea—. Si reúno bastantes estrellas,…

—¡Ay, qué preciosa! —susurró Sofía, encantada. Y en su cabecita empezó a brillar una idea—. Si reúno bastantes estrellas, ¡podré iluminar todo el bosque! Así, hasta de noche será claro, seguro y calentito.

Con ese sueño en el corazón, Sofía decidió recoger las estrellas que caían.

Con ese sueño en el corazón, Sofía decidió recoger las estrellas que caían. Cada noche vigilaba el cielo con atención, esperando con mucha paciencia el momento en que una estrella se desprendiera.

Y en cuanto ocurría, la recogía a toda prisa y la llevaba a su madriguera, guardándola en un rinconcito muy especial.

Y en cuanto ocurría, la recogía a toda prisa y la llevaba a su madriguera, guardándola en un rinconcito muy especial. Poco a poco, su hogar se llenó de estrellas titilantes que brillaban como un tesoro escondido.

Pero las noches pasaban, y el cielo, que antes estaba cubierto de mil lucecitas, empezó a verse vacío y desnudo.

Pero las noches pasaban, y el cielo, que antes estaba cubierto de mil lucecitas, empezó a verse vacío y desnudo. Los demás animales del bosque también lo notaron. La oscuridad se hacía cada vez más profunda, y las estrellas que antes les alumbraban el camino iban desapareciendo.

Una tarde, mientras Sofía estaba sentada en su madriguera, rodeada de todas las estrellas que había reunido, se asomó afuera…

Una tarde, mientras Sofía estaba sentada en su madriguera, rodeada de todas las estrellas que había reunido, se asomó afuera y vio que el cielo estaba casi vacío.

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