Hugo el erizo y la baya que brillaba

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En lo más hondo de un bosque acogedor vive Hugo, un erizo pequeñito con el corazón más grande de todos. Cuando encuentra una única baya luminosa capaz de sanar y de dar felicidad, promete guardarla para el momento de verdadera necesidad. Un cuento tierno sobre la bondad y la valentía, esa magia callada que puede transformar un bosque entero.

En un bosque acogedor, entre las raíces de un viejo roble, vivía un erizo pequeñito llamado Hugo.

En un bosque acogedor, entre las raíces de un viejo roble, vivía un erizo pequeñito llamado Hugo. Todos lo conocían por su carácter dulce y por lo mucho que le gustaba ayudar. Una mañana, mientras husmeaba en busca del desayuno, Hugo se topó con un arbusto bajito en el que crecía una sola baya, que brillaba suave como una luciérnaga.

Curioso como siempre, Hugo estiró con cuidado la patita para tocarla.

Curioso como siempre, Hugo estiró con cuidado la patita para tocarla. Pero, de pronto, oyó una vocecita. —Por favor, no arranques esa baya —dijo. Hugo miró a su alrededor y vio a un hada pequeñita llamada Fina, que revoloteaba cerca con sus alas brillantes.

—Es una baya mágica —le explicó Fina—.

—Es una baya mágica —le explicó Fina—. Tiene el poder de sanar y de traer felicidad, pero solo puede usarse en un momento de gran necesidad. Hugo asintió despacio, comprendiendo lo valioso que era su hallazgo. —Entonces lo prometo —dijo—: la cuidaré y la protegeré.

Pasaron los días, uno tras otro, y Hugo siguió con sus pequeñas tareas.

Pasaron los días, uno tras otro, y Hugo siguió con sus pequeñas tareas. Pero cada vez que su camino pasaba junto al arbusto que brillaba, se detenía un ratito a vigilar la baya, solo para asegurarse de que todo seguía bien.

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