La cometa que voló muy lejos

  • 5-6 min de lectura
  • 12 páginas

En un pequeño pueblo escondido entre colinas verdes vive Leo, un niño que no ama nada más que hacer volar su cometa roja en los días de viento. Pero cuando una ráfaga se la arranca de las manos y se la lleva más allá de las colinas, Leo descubre que lo que se pierde se encuentra mejor entre amigos. Un cuento tierno sobre el trabajo en equipo, el cariño y la alegría que se hace doble cuando se comparte.

Había una vez, en un pequeño pueblo escondido entre colinas verdes y ríos veloces y plateados, un niño llamado Leo.

Había una vez, en un pequeño pueblo escondido entre colinas verdes y ríos veloces y plateados, un niño llamado Leo. Como todos los niños, le encantaba jugar al aire libre. Su juguete preferido en el mundo entero era una cometa de un rojo brillante, y nada lo hacía más feliz que un buen día de viento.

Aquella cometa era muy especial para Leo, porque su papá la había hecho con sus propias manos solo para él.

Aquella cometa era muy especial para Leo, porque su papá la había hecho con sus propias manos solo para él. Estaba cosida con una tela roja como una cereza madura, y de su larga cola colgaban cintas de todos los colores que revoloteaban alegres en el aire.

Cada día, al salir de la escuela, Leo corría a casa, agarraba su cometa y salía disparado hacia el gran campo abierto junto…

Cada día, al salir de la escuela, Leo corría a casa, agarraba su cometa y salía disparado hacia el gran campo abierto junto al pueblo. Le encantaba verla atrapar el viento y subir cada vez más alto en el cielo. Estaba tan orgulloso de ella que la cuidaba con mucho mimo y jamás dejaba que otro la sostuviera.

Una tarde, mientras Leo hacía volar su cometa, notó que el viento soplaba más fuerte que de costumbre.

Una tarde, mientras Leo hacía volar su cometa, notó que el viento soplaba más fuerte que de costumbre. La cometa subía y subía, cada vez más alto, hasta casi desaparecer entre las gordas nubes blancas.

Leo sujetaba el hilo con todas sus fuerzas, pero de pronto una ráfaga enorme le arrancó la cometa de las manos.

Leo sujetaba el hilo con todas sus fuerzas, pero de pronto una ráfaga enorme le arrancó la cometa de las manos. ¡Y allá voló la pequeña cometa roja!, alejándose más allá de las colinas hasta perderse de vista.

Leo estaba desconsolado.

Leo estaba desconsolado. Buscó por todas partes, pero fue en vano. Sus amigos, Eva y Sam, intentaban animarlo, pero Leo extrañaba muchísimo su cometa y no podía dejar de pensar en ella.

Sigue leyendo en la aplicación

La segunda mitad del cuento, con ilustraciones y sin internet.

Probar gratis

Escanea para abrir en el celular

Más cuentos