Tomás y la chispa de la cajita

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Tomás es un conejito curioso que una mañana encuentra una cajita misteriosa bajo un árbol… y dentro lo espera una llamita diminuta y saltarina con una gran lección que enseñar. Una historia que recorre los senderos del bosque, donde la curiosidad se encuentra con la prudencia y cada decisión importa. Un cuento cálido, divertido y sabio sobre lo importante que es comprender la fuerza de las cosas pequeñas.

En lo hondo de un valle del bosque, entre árboles altísimos que susurraban al viento, vivía un conejito llamado Tomás.

En lo hondo de un valle del bosque, entre árboles altísimos que susurraban al viento, vivía un conejito llamado Tomás. Sentía curiosidad por todo, le encantaba explorar cada rincón y le hacía mil preguntas a su mamá cada día.

—¿Por qué titilan las estrellas?

—¿Por qué titilan las estrellas? —¿Por qué el fuego quema tanto? —Y ¿por qué, ay, por qué los fósforos huelen a humo?

Un día, Tomás encontró una cajita escondida bajo un árbol.

Un día, Tomás encontró una cajita escondida bajo un árbol. ¡Dentro había… fósforos! —¡Uau! —exclamó—. ¡Seguro que son varitas mágicas! Si froto una con otra, ¡quizá salga algo de magia!

Pero apenas tocó un fósforo, ¡de la cajita saltó una llamita naranja con dos ojitos graciosos que parpadeaban!

Pero apenas tocó un fósforo, ¡de la cajita saltó una llamita naranja con dos ojitos graciosos que parpadeaban! —¡Hola! ¡Soy Chispita, una llamita! —cantó, girando como un trompo—. Mejor no me toques así porque sí. Soy muy fuerte y puedo ser peligrosa si no conoces las reglas.

—¡Eres preciosa! —dijo Tomás, encantado—. ¡Quiero jugar contigo! Chispita saltó veloz sobre una hoja. —¡De ninguna manera! No…

—¡Eres preciosa! —dijo Tomás, encantado—. ¡Quiero jugar contigo! Chispita saltó veloz sobre una hoja. —¡De ninguna manera! No soy un juguete. Si juegas conmigo sin una persona mayor, podría quemarte las patitas, chamuscar la hierba ¡o hasta incendiar todo el bosque!

—Pero si eres tan pequeña…

—Pero si eres tan pequeña… —insistió el conejito. —¡Pequeña, pero no débil! —dijo Chispita, y brincó sobre una hoja seca. Al instante empezó a arder y a enroscarse—. ¿Lo ves? Basta con un solo roce.

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