Hansel y Gretel: cómo era el cuento original

En la primera edición de los hermanos Grimm quien lleva a los niños al bosque no es la madrastra, sino su propia madre. Qué más cambió.

Hansel y Gretel se publicó en 1812, en el primer tomo de los cuentos de los hermanos Grimm. La versión que se lee hoy no es aquella: los Grimm reeditaron su colección siete veces a lo largo de cuarenta y cinco años, y este cuento fue de los que más cambiaron por el camino.

El cambio más grande: la madre

En la primera edición son el padre y la madre de los niños quienes deciden dejarlos en el bosque porque en casa no hay qué comer. La madre no es madrastra de nadie: es la madre. En ediciones posteriores los Grimm la convirtieron en madrastra, y así se quedó.

El mismo cambio le hicieron a Blancanieves, donde en 1812 era la propia madre quien quería matar a la niña. De ahí viene, en buena parte, la fama que tienen las madrastras en los cuentos y que no se ganaron del todo.

Por qué lo cambiaron

Porque se equivocaron con el lector. Jacob y Wilhelm eran lingüistas y recogían los cuentos como material de estudio de la lengua, no como libro infantil. Pero quienes compraban el libro eran padres, y se lo leían a sus hijos sin que nadie les preguntara. Cada edición se fue suavizando por eso.

Editaba sobre todo Wilhelm. Con cada edición la lengua se volvía más literaria, aparecían más elementos cristianos y desaparecía lo que se consideró inapropiado.

Lo que no quitaron

La bruja y el horno siguen ahí, y siguen ahí en todas las ediciones. Los Grimm suavizaron lo que hacían los buenos, no lo que les pasaba a los malos: eso, de edición en edición, más bien aumentó.

Tampoco quitaron el hambre. El cuento empieza porque no hay pan en casa, y esa es la razón de todo lo que ocurre después. Un Hansel y Gretel sin hambre no se sostiene.

Cómo lo contamos nosotros

Seguimos la versión tardía, la de la madrastra, porque es la que el niño reconoce y porque la otra convierte el cuento en algo distinto. Las migas, los guijarros que brillan a la luz de la luna, la casita y el horno se quedan enteros.

Es un cuento para leer a partir de los cinco años. Dentro hay abandono y hay miedo, y esa es precisamente su utilidad: el niño se encuentra con ellos sentado en las rodillas de alguien, y al final los dos hermanos vuelven a casa.

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