Teo, el conejo listo, y el zorro que se creía astuto

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  • 15 páginas

Teo es el conejo más listo de todo el bosque, famoso por salir de cualquier apuro con una buena idea y un corazón generoso. Pero cuando un zorro astuto llamado Fentón trama una trampa para engañarlo, Teo necesitará algo más que ingenio: le harán falta valor, sangre fría y un plan propio. Un cuento tierno y divertido sobre la amistad, la bondad y la magia cotidiana de una mente despierta, que nos recuerda que la inteligencia siempre vence a la astucia.

En lo hondo de un bosque donde los árboles susurraban sus secretos y los arroyos cantaban nanas, vivía un conejo muy listo…

En lo hondo de un bosque donde los árboles susurraban sus secretos y los arroyos cantaban nanas, vivía un conejo muy listo llamado Teo. De una punta a otra del bosque, todos los animales lo conocían por su ingenio y por su don para encontrar buenas ideas.

Todos admiraban la manera en que Teo lograba escapar de cualquier enredo, por complicado que fuera.

Todos admiraban la manera en que Teo lograba escapar de cualquier enredo, por complicado que fuera. Todos, menos uno: un zorro astuto llamado Fentón, que no compartía nada de aquella admiración.

Fentón moría de envidia por la fama de Teo y soñaba con el día en que por fin lo atrapara.

Fentón moría de envidia por la fama de Teo y soñaba con el día en que por fin lo atrapara. Si conseguía burlar al conejo, estaba seguro de que se ganaría el título del animal más listo del bosque. Dándole vueltas y vueltas a esa idea, Fentón ideó un plan astuto para atraer a Teo a una trampa.

Fentón hizo correr el rumor de que había encontrado un campo lleno de las zanahorias más jugosas del mundo.

Fentón hizo correr el rumor de que había encontrado un campo lleno de las zanahorias más jugosas del mundo. Ningún conejo, pensó, podría resistirse a semejante manjar. Cuando la noticia llegó a Teo, se le pararon las orejas de curiosidad; pero, conociendo al zorro y sus trucos, decidió acercarse con mucha cautela.

Así que Teo fue a pedir consejo a su amiga, una sabia lechuza llamada Oli.

Así que Teo fue a pedir consejo a su amiga, una sabia lechuza llamada Oli. Oli escuchó con atención cada palabra. —Fentón es astuto —ululó con suavidad—, pero tú eres más listo. Usa esa cabecita tuya y haz que su propia trampa se cierre sobre él.

A la mañana siguiente, Teo partió hacia el campo del que tanto presumía Fentón.

A la mañana siguiente, Teo partió hacia el campo del que tanto presumía Fentón. Saltando entre los árboles, descubrió unas señales que marcaban el camino hacia las zanahorias. Siguiéndolas con cuidado, llegó por fin a un claro con un gran montón de zanahorias jugosas. Se le hizo agua la boca, pero se mantuvo alerta.

Teo dio una vuelta alrededor del claro y pronto vio una red, ingeniosamente escondida entre la hierba.

Teo dio una vuelta alrededor del claro y pronto vio una red, ingeniosamente escondida entre la hierba. Sonrió, porque ya había entendido el plan de Fentón. Reuniendo palos resistentes y un trozo de cuerda, se puso manos a la obra y construyó, con gran maña, su propia trampa contra el zorro.

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