La Cenicienta: el cuento original

No hay un original: hay dos cuentos distintos con el mismo nombre. En uno hay un hada y una calabaza; en el otro, un avellano y dos hermanas sin dedo.

La pregunta «cómo era la Cenicienta original» no tiene una respuesta, porque hay dos versiones clásicas y no se parecen casi en nada. Una es francesa y la otra alemana, y están separadas por más de cien años.

Y por debajo de las dos hay una historia mucho más antigua que ninguna de ellas inventó.

Charles Perrault, 1697

Es la versión de la que salen las películas. Aquí hay un hada madrina con su varita, una calabaza que se convierte en carroza, ratones que se convierten en caballos y unos zapatos de cristal. Y hay un final amable: Cenicienta perdona a sus hermanas y las casa bien.

El zapato de cristal es suyo. Es un material imposible para un zapato y precisamente por eso funciona: solo puede pertenecer a una persona, y no se puede forzar. Toda la segunda mitad del cuento depende de ese detalle.

Los hermanos Grimm, 1812

En «Aschenputtel» no hay hada, ni calabaza, ni varita. Cenicienta planta una rama de avellano sobre la tumba de su madre, el árbol crece, y es un pájaro posado en ese árbol el que le da lo que pide. Los zapatos no son de cristal: son de oro.

El cambio es más grande de lo que parece. En Perrault la ayuda viene de fuera, de un hada que aparece porque hace falta. En los Grimm viene de la madre muerta, a través de un árbol que la propia niña plantó y riega con sus lágrimas. No es magia que llega: es algo que ella cuidó durante años.

Aquí tampoco hay perdón. Para que el zapato les entre, una hermana se corta un dedo del pie y la otra el talón, y en las dos ocasiones son unas palomas las que avisan al príncipe de que la sangre delata el engaño. El día de la boda, esas mismas palomas dejan ciegas a las dos hermanas.

Y antes de los dos

El armazón del cuento es muchísimo más viejo. La versión oral más antigua que se conoce es la de Rodopis, en Grecia: el geógrafo Estrabón la cuenta en su «Geografía», en el libro 17. Allí un águila roba la sandalia de una bailarina y el rey manda buscar a su dueña. No hay madrastra ni baile, pero el zapato que identifica a una mujer ya está.

Entre Rodopis y Perrault hay además una versión italiana, «Cenerentola», que Giambattista Basile publicó en 1634 — sesenta años antes que el francés, y con bastante menos hada.

Que un mismo armazón aparezca en Grecia, en Italia, en Francia y en Alemania no significa que se copiaran. Significa que el cuento resuelve algo que se cuenta en muchos sitios: cómo se reconoce a alguien a quien nadie mira.

Cuál leerle a un niño

Las dos, y en este orden: primero la de Perrault, que es más ligera y la que el niño probablemente ya conoce a medias, y después la de los Grimm. La segunda lectura es la interesante, porque el niño llega esperando el hada y se encuentra un árbol.

Lo del dedo y el talón se puede contar o no. Nosotros lo contamos sin detenernos en la escena: está en el cuento, y quitarlo dejaría sin sentido a las palomas.

Las dos están aquí

En Marytale tenemos las dos por separado, porque son dos cuentos y no dos maneras de contar el mismo. Si un niño conoce la Cenicienta de las películas, leerle la de los Grimm suele ser la primera vez que pregunta por qué una misma historia puede terminar de dos maneras — y esa pregunta vale más que cualquiera de las dos versiones.

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