De La bella durmiente hay tres versiones antiguas y las tres acaban de manera distinta. La más conocida hoy es la más corta, y es la que dejó fuera justo la mitad del cuento.
Quien busca el original se encuentra con algo incómodo: cuanto más atrás se va, menos infantil es la historia.
Giambattista Basile, 1634
La versión escrita más antigua es italiana y se llama «Sol, Luna y Talía». Talía no se despierta con un beso: tiene una astilla clavada y se despierta cuando se la sacan. Los dos hijos que tiene después se llaman Sol y Luna, y la madre del rey intenta comérselos.
Es un texto para adultos, escrito para un libro de cuentos de corte napolitana, y se nota en todo: el rey que la encuentra dormida ya está casado, y lo que ocurre mientras ella duerme no se cuenta a un niño. Esta versión no se adapta: se explica o se deja.
Charles Perrault, 1697
Perrault recogió el cuento en Francia y le puso el nombre con el que lo conocemos, «La Belle au bois dormant». Su versión tiene dos partes. La primera es la que todos conocen: el hada ofendida a la que no invitaron, el huso, los cien años de sueño y el seto que crece alrededor del castillo.
La segunda empieza cuando la princesa ya está despierta y casada. Tiene dos hijos, Aurore y Jour — Aurora y Día. La madre del príncipe es una ogresa, y mientras él está en la guerra intenta que le cocinen a los dos niños para comérselos. El cocinero los esconde y sirve otra carne en su lugar.
Perrault ya había limpiado mucho respecto a Basile, pero conservó esa segunda mitad. Para él el cuento no era la historia de un despertar, era la historia de una mujer que sobrevive dos veces.
Los hermanos Grimm, 1812
Los Grimm publicaron el cuento como «Dornröschen», La rosa silvestre, y cortaron toda la segunda parte. En su versión el cuento termina en la boda, y la ogresa no existe.
Esa es la versión que se copió mil veces después, y por eso hoy casi nadie sabe que había más. También es la que fijó la imagen que todo el mundo tiene: el castillo dormido con el bosque de espinos por encima, y dentro todos quietos — el cocinero con la mano levantada, las moscas en la pared.
¿Y el beso?
El beso es lo último que llegó. En Basile la despierta una astilla que se sale; en Perrault se despierta cuando se cumplen los cien años y el príncipe llega, simplemente porque le tocaba. El beso como causa del despertar es una idea posterior, de las adaptaciones ilustradas y del cine.
Es el mismo caso que en Blancanieves: la escena que todo el mundo recuerda no está en ninguno de los textos antiguos.
Qué decirle a un niño que pregunta
La pregunta casi siempre es sobre el hada que no fue invitada: por qué se enfada tanto por una invitación. Merece la pena no defenderla ni condenarla — el cuento tampoco lo hace. Lo interesante es que la maldición no la lanza un monstruo, sino alguien a quien dejaron fuera de una lista.
Si pregunta qué pasó con la gente del castillo durante cien años, la respuesta está en el cuento: dormían igual que ella, y despertaron a la vez. Nadie envejeció. Eso suele gustar más que el final.
Cuál leerle a un niño
La de los Grimm, casi seguro: es la que tiene un final y no dos, y la que no necesita explicar qué es una ogresa. La segunda parte de Perrault es interesante para un adulto que quiera ver de dónde viene el cuento, no para un niño de cinco años a la hora de dormir.
Nuestra versión sigue a los Grimm y termina donde ellos terminan. El huso, los cien años y el seto de espinos están; la ogresa no.