Pico, la paloma juguetona

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En un parque alegre, donde siempre reinan el bullicio y las risas, vive una paloma traviesa llamada Pico que adora asustar a los visitantes. Pero cuando sus bromas hacen huir a todo el mundo, el parque se queda extrañamente en silencio, y Pico tendrá que encontrar una manera más bondadosa de devolverle la alegría. Un cuento luminoso sobre la generosidad y la sorprendente fuerza de un pequeño gesto de bondad.

Había una vez, en un pueblito lleno de vida, un parque muy alegre con flores hermosas, árboles altos y senderos que se…

Había una vez, en un pueblito lleno de vida, un parque muy alegre con flores hermosas, árboles altos y senderos que se enroscaban de aquí para allá. Allí vivían muchos animales, pero el más travieso de todos era una paloma llamada Pico.

A Pico le encantaba gastar bromas a las personas que visitaban el parque.

A Pico le encantaba gastar bromas a las personas que visitaban el parque. Su juego favorito era esconderse entre los arbustos, junto al sendero más concurrido, y asustar a quienes paseaban sin sospechar nada. Esperaba con muchísima paciencia el momento perfecto y, de pronto, batía las alas para que todos pegaran un salto del susto.

Un día soleado, Pico estaba posado en una rama, mirando el parque en busca de su próxima víctima.

Un día soleado, Pico estaba posado en una rama, mirando el parque en busca de su próxima víctima. Vio a una pareja que caminaba de la mano. En cuanto se acercaron a su escondite, Pico batió las alas y soltó un fuerte arrullo. La pareja dio un grito, luego se echó a reír y miró a su alrededor buscando de dónde venía aquel ruido. «¡Los pillé!», pensó Pico, riéndose bajito tras su pico.

Las bromas de Pico seguían y seguían, cada vez más ingeniosas.

Las bromas de Pico seguían y seguían, cada vez más ingeniosas. Disfrutaba de todas las reacciones: unas veces eran carcajadas, otras eran saltos de sorpresa. Pero, poco a poco, los visitantes empezaron a desconfiar de aquellos ruidos misteriosos y a evitar los senderos donde Pico solía esconderse.

Una tarde, mientras el sol se ocultaba tras el horizonte y bañaba el parque con un resplandor dorado, Pico notó un silencio…

Una tarde, mientras el sol se ocultaba tras el horizonte y bañaba el parque con un resplandor dorado, Pico notó un silencio muy extraño. Entonces comprendió que sus travesuras habían ahuyentado a las personas que llenaban el parque de vida y de alegría. Sintió un peso en el corazón y decidió arreglarlo todo.

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