Mía, la ratoncita valiente

  • 6-7 min de lectura
  • 8 páginas

Mía es la ratoncita más pequeña del pueblo de Arroyomiel, pero su corazón es enorme y siempre ha soñado con ser una heroína. Cuando un gavilán gigante amenaza la fiesta de la cosecha, Mía y sus amigos deciden plantarle cara. Un cuento cálido y lleno de chispa sobre el valor, el ingenio y la magia de la amistad, que demuestra que la verdadera valentía no depende del tamaño.

En un pueblo llamado Arroyomiel, escondido entre los trigales y el bosque, vivía una ratoncita diminuta que se llamaba Mía.

En un pueblo llamado Arroyomiel, escondido entre los trigales y el bosque, vivía una ratoncita diminuta que se llamaba Mía. Era pequeña, muy pequeña, pero tenía el corazón de una leona, y más que nada en el mundo soñaba con ser una heroína. Sus mejores amigos, la conejita Rosi y el sapito Félix, la acompañaban en todas sus pequeñas aventuras por el pueblo.

Una mañana soleada, mientras todos los vecinos preparaban la fiesta anual de la cosecha, la desgracia llegó del cielo.

Una mañana soleada, mientras todos los vecinos preparaban la fiesta anual de la cosecha, la desgracia llegó del cielo. Un gavilán enorme apareció, oscuro y ancho, y empezó a dar vueltas y vueltas por encima de los tejados. Todos salieron corriendo. Las cestas se volcaron, las cintas se soltaron y los preparativos se detuvieron de golpe, llenos de miedo.

—¡Tenemos que hacer algo!

—¡Tenemos que hacer algo! —gritó Rosi, con los ojos tan abiertos como dos bellotas. Félix asintió, moviendo la patita muy nervioso. —Pero ¿qué podemos hacer? Ese gavilán es tan grande y tan terrible. Entonces Mía se irguió todo lo que puede erguirse una ratoncita, y su pequeño pecho se llenó de valor. —Seré pequeña —dijo—, pero soy valiente. ¡Y tengo un plan!

Mía reunió a sus amigos y les susurró el plan al oído.

Mía reunió a sus amigos y les susurró el plan al oído. Todos estuvieron de acuerdo enseguida y se pusieron manos a la obra sin perder ni un instante. Mía corrió hasta el viejo roble del centro del pueblo y empezó a trepar, más y más arriba, hasta la rama más alta, mientras Rosi y Félix esperaban abajo, listos para ayudar.

Sigue leyendo en la aplicación

La segunda mitad del cuento, con ilustraciones y sin internet.

Probar gratis

Escanea para abrir en el celular

Más cuentos